Mostrando las entradas con la etiqueta Editorial. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Editorial. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de abril de 2021

Vacunación en Colombia: EL DESASTRE Y EL CAMBIO DE RUMBO QUE SE NECESITARÍA; PERO…

 Este 12 de abril la OMS lo reconoció: “Estamos en un punto crítico. La trayectoria de la pandemia está creciendo de forma exponencial[i]”. Basta sólo con mirar la tragedia en nuestro vecino Brasil que viene superando en las últimas semanas el promedio de más de 70 mil contagios y de 3 mil muertes por día, ¡llegando a superar las 4 mil muertes diarias últimamente!

A escala mundial se supera el promedio diario de 550 mil nuevos casos y de 9.750 fallecidos por día[ii]. Y cada uno de esos contagios representa una oportunidad para que el virus mute, y eventualmente surjan variantes más virulentas, mortales (como ya viene ocurriendo)… y lo peor: que posiblemente aparezcan algunas resistentes a la vacunas. La humanidad se mueve al borde del precipicio que la conduciría de la pandemia a la catástrofe total.

Resulta paradójico que mientras la capacidad científica y el denodado trabajo de científicos en el mundo lograron en tiempo record el desarrollo de vacunas; hoy, ya teniendo las fórmulas de las vacunas, el mundo viva un verdadero fracaso en lo que tiene ver con el ritmo de producción de vacunas y de su aplicación a la población.

Y es que una vez desarrolladas las vacunas, estas se convirtieron en meras mercancías; el asunto pasó de la ciencia al negocio, al desaforado ánimo de lucro de las transnacionales farmacéuticas y al reino de los intereses de los países ricos. Los países imperialistas, empezando por Estados Unidos, acaparan vacunas, adquiriendo muchas más de las que necesitan; mientras hay países pobres y oprimidos que ni siquiera logran vacunar a todos sus médicos de cuidados intensivos. La crisis llega a tal punto que incluso países imperialistas del continente europeo van bastante mal en sus procesos de vacunación, y se han desatado contradicciones entre ellos y con el Reino Unido.

Esta “paradoja” sólo se puede entender por el hecho de que la humanidad, para su desgracia, está gobernada por los intereses que implica el sistema capitalista imperialista mundial. La norma suprema que determina cómo se hacen las cosas, y a la cual se subordina hasta la política de salud pública ante la pandemia, es la del interés del capital de obtener más y más ganancias. Así se origina la irracionalidad que nos gobierna ante la semejante calamidad del Covid-19.

 


Duque puso su servilismo a los yanquis y al capital, por encima de la salud pública

En este contexto se da la vacunación en Colombia. El inicio del tercer pico de la pandemia golpea con fuerza en el país. Ya son más de 65 mil fallecidos, habrá que ver cuántas más personas morirán durante esta nueva oleada. La sistematicidad del gobierno de Duque y de los empresarios (a quienes representa), en favorecer el interés de las ganancias del capital así sea sacrificando la vida de miles (en especial entre los sectores populares) y en detrimento de la salud pública, ha facilitado que el coronavirus cause estragos con mayor amplitud y dureza.

Para colmo de males, el interés de los países imperialistas y de sus transnacionales farmacéuticas de favorecer a los países ricos en franco detrimento de los pobres, en el caso colombiano se combinó con la indolencia, ineptitud y servilismo al amo del norte y a los intereses de los capitalistas, de un gobierno como el de Duque, a la hora de adquirir las vacunas y de gestionar su aplicación masiva.

Baste recordar que este gobierno se opuso a la solicitud que desde India y Sudáfrica se impulsó en la Organización Mundial del Comercio, de interrumpir temporalmente las patentes sobre las vacunas para facilitar que su producción se pudiera realizar en muchos otros países y no sólo en aquellos en los cuales el ánimo de lucro de los pulpos farmacéuticos decidiera; de haberse aprobado dicha iniciativa al menos habría más disponibilidad de vacunas. Pues Duque puso su granito de arena para impedirlo; fiel a su carácter servil se colocó del lado de los empresarios imperialistas ayudando a que la medida no prosperara.

Es más, frente a Cuba, único país latinoamericano que viene avanzando en la producción de vacunas propias (en medio de grandes dificultades originadas en el bloqueo imperialista, con ataques que endureció Trump y que el “demócrata” Biden ha mantenido); el uribista Duque tomó el camino de ayudar a fortalecer los ataques yanquis a Cuba acusándola de promover “el terrorismo”. Esto en lugar de haberle ofrecido todo el apoyo posible para que Cuba avanzara mejor y más rápido en sus proyectos de vacunas, como correspondería desde la perspectiva de la unidad de los países Latinoamericanos, para apoyarse mutuamente ante tremendo desastre. Pero no; en lugar de esto Duque optó, no sólo por no colaborar, sino por debilitar el esfuerzo de los hermanos cubanos, quienes en lo que sí se han destacado es en promover la salud pública, incluso a escala internacional.

Por si poco fuera, a la hora de tocar puertas en búsqueda de vacunas lo hizo con un sesgo ideológico reaccionario y guiado por el afán de congraciarse con Estados Unidos: claramente privilegió comprar a farmacéuticas de países imperialistas, en especial yanquis. A China inicialmente sólo programó comprarle 2,5 millones de vacunas, es decir, en el plan inicial, sólo el 4% de las necesarias para vacunar al 70% de la población. Y en el caso de Rusia, ni siquiera le ha comprado una vacuna a la fecha de hoy. Esto mientras que lo que faltan en Colombia son vacunas por millones… y la cifra de muertes no para de aumentar.

Así era el plan gubernamental de compras a febrero, cuando se inició la vacunación:



A 30 de marzo habían llegado a Colombia 3.362.524 vacunas; de las cuales 2.499.964 eran procedentes de China, del laboratorio Sinovac. Esto es: ¡El 74% de las vacunas recibidas fueron las chinas… sólo el 26% tuvieron otro origen!

Así fue como desde los países imperialistas, y en especial desde Estados Unidos, las transnacionales farmacéuticas le correspondieron a Duque su abyecto servilismo a las potencias que oprimen a países como el nuestro a lo largo y ancho del mundo. Si no hubiera sido por China, Colombia ¡sólo habría recibido 862.560 vacunas, 41 días después de haberse aplicado la primera dosis!; lo que habría significado que el ya desastroso ritmo del plan de vacunación dirigido por Duque habría llegado a fin de marzo bajo absoluto y total fracaso. Luego se anunció que a China se le van a comprar 5 millones más de dosis.

 


Vacunar: negocio para los mercaderes de la salud

Pero el problema no termina acá. Como si se tratara de ayudar al Covid-19 a causar mayores estragos, el gobierno entregó la aplicación de las vacunas, a manera de “oportunidad de negocio”, a las empresas que se dedican a hacer ganancia mercadeando con la salud del pueblo colombiano; de nuevo, las EPS las favorecidas. Es así que la resolución 166 del Ministerio de Salud establece que del dinero público se pagará a las EPS, de acuerdo a una serie de criterios, tarifas que van desde $11.293 hasta $94.681, con un promedio aproximado de $32.000 por cada dosis aplicada. Y obviamente, bajo la racionalidad del ánimo de lucro las EPS (y las IPS) buscarán la manera de bajar los costos de la operación para incrementar las ganancias. Y, ¡claro!, como ya es costumbre uno de los principales “costos” a minimizar será el salario, o, peor aún, los “honorarios por servicio”, de los precarizados laboralmente trabajadores de la salud que se expondrán haciendo la tarea.

El negocio realmente es grande, muy contentos debe estar el puñado de grandes grupos económicos propietarios de las EPS: pues se trata de aplicar al menos 61,5 millones de dosis… es decir, hay allí mucho dinero público para convertir en ganancia privada. Para hacernos a una idea: manejando el promedio de $32.000 por dosis (que puede ser bajo) y una tasa de utilidad del 20% (que puede ser baja frente a la real), ¡los mercaderes privados de la salud se estarían echando al bolsillo $393.600.000.000 pesos del presupuesto público!

 

Vacunación a paso de tortuga

El resultado de todas las anteriores decisiones del gobierno de Duque, en combinación con los incumplimientos (que ya han empezado a ocurrir) de las farmacéuticas, es que el plan de vacunación no marchará a la velocidad que la emergencia de salud pública lo demanda. Lo que se traducirá en centenares de miles de más contagiados, y miles más de muertes.

La responsabilidad política del gobierno uribista de Duque es tan evidente como grande. El caso de Chile, con un gobierno de derecha y patronal parecido al de Duque, demuestra que se podría haber hecho otro manejo tomando otras decisiones políticas: mientras que con corte al 7 de abril se habían aplicado en Chile 11.396.072 dosis, en Colombia sólo 2.691.513[iii]; y más desastrosa la situación colombiana al tener en cuenta que acá se tiene una población de 48,2 millones, mientras que allá es de 18,9 millones.

El sólo hecho de que el gobierno haya planteado que sólo hasta diciembre estará inmunizado el 70% de la población, ya de por sí es un desastre: costará muchas vidas y sufrimiento de familias. Además tal lentitud maximiza las condiciones para dar posibilidad a que aparezcan en Colombia o lleguen de otros países nuevas mutaciones del virus, más letales y eventualmente capaces de derrotar la protección de las vacunas. Pero peor aún: como van las cosas; ni para fin de año se alcanzará esa meta. Veamos.

El gobierno de Duque anunció que su meta era vacunar al 70% de la población antes de fin del año 2021, y así en teoría alcanzar la ansiada “inmunidad de rebaño”. Esto significa vacunar a 35 millones de habitantes de Colombia. En febrero, al anunciar el inicio del Plan Nacional de Vacunación dijo que el siguiente sería el ritmo de vacunación[iv] para tal fin:

Según este compromiso al finalizar marzo deberían haberse aplicado 3.670.764 dosis. Pero la realidad fue que se aplicaron 2.243.392, y eso gracias a las llegadas desde China. Es decir sólo en esta primera fase de vacunación ya se acumula un déficit de 1.427.372 dosis; un incumplimiento del ¡39%! Evidentemente, así las cosas, terminará el 2021 y muy lejos se estará de la aplicación de las dosis completas a 35 millones en Colombia. Incluso según un portal[v] en Internet que sigue al avance de vacunaciones en el mundo, a Colombia (al ritmo que va) le faltarían 723 días (¡dos años!) para vacunar al 70% de la población, mientras que a Chile sólo 81 días. Todo esto le costará a los colombianos mucho sufrimiento más, muchos más contagiados… y ¡muchas más muertes que no tendrían por qué haber ocurrido!

Pero claro, esto no preocupa a un gobierno para el cual bombardear a niñas es válido dizque porque se han convertido en “máquinas de guerra”; a un presidente que bajo su mandato durante el 2020 se produjeron 91 masacres con 381 víctimas mortales, y en lo que va de este año van 27 con 99 víctimas[vi]; a un gobierno sobre el cual el año pasado Indepaz denunció: “…que en entre el 7 de agosto de 2018 y julio de 2020, lo que lleva Iván Duque como presidente, han asesinado a 573 líderes sociales y defensores de Derechos Humanos en Colombia[vii]”. Y es así porque, recordemos, que este gobierno es del uribismo, que representa los intereses de los sectores más reaccionarios, derechistas y retardatarios de la oligarquía y de la patronal colombiana. Ahí quedaron para siempre los “falsos positivos” y el paramilitarismo para recordárnoslo.

 

En defensa de la salud pública: urge un cambio de rumbo

Aún se estaría a tiempo de, al menos, reducir el tamaño del desastre. Pero lograrlo exigiría hacer un cambio total en la orientación gubernamental para desarrollar la vacunación. Se necesitaría tomar medidas como las siguientes:

·       Unirse a los países que piden la suspensión de las patentes sobre las vacunas, para facilitar que muchos otros fabricantes y países las produzcan. Junto con esto demandar que las transnacionales farmacéuticas y las potencias imperialistas coloquen a disposición toda la tecnología necesaria para que la producción de vacunas dé un salto colosal, tal como la gravedad de la situación lo demanda.

·       En especial en el caso de Latinoamérica, rodear a Cuba de todo el apoyo para que logre avanzar de mejor manera en su empeño de producir nuevas vacunas. Más cuando ha sido reciente noticia que “Cuba comenzó este mes la última fase de los ensayos de dos de las cinco vacunas que está desarrollando. Si tienen éxito, tanto la Soberana 02 como la Abdala, podrían ser las primeras vacunas contra covid que se desarrollan en América Latina”[viii]. En función de esto demandar el cese inmediato del bloqueo yanqui y demás ataques a la Isla.

·       Construir un frente unitario de los países latinoamericanos para ganar correlación de fuerzas en las negociaciones con los pulpos farmacéuticos y los gobiernos imperialistas; impidiendo que por estar divididos los países pobres, las trasnacionales abusen aún más en las condiciones de venta de la vacuna. Además, para brindarse apoyo solidario en recursos (incluyendo la aplicación y producción de vacunas) para defenderse de la pandemia en unidad entre los pueblos latinoamericanos hermanos. Resulta urgente la realización de una cumbre de los países latinoamericanos con tal propósito; se debería convocar ya.

·       Sería fundamental que encabezada por los sindicatos y gremios de los trabajadores del sector de la salud y de la comunidad científica; con el movimiento obrero, las organizaciones de mujeres, de jóvenes, de campesinos y demás oprimidos, y de todo dirigente que se reivindique democrático o progresista; a escala de todo el continente se construyera una gran unidad de acción para exigir de los gobierno el cambio de rumbo en el manejo de la pandemia, y la consecuente toma de medidas como las aquí planteadas.

·       Y en Colombia, el plan de vacunación no debe ser una “oportunidad de negocio”. Dejar de beneficiar a los mercaderes de la salud, los empresarios propietarios de las EPS. La vacunación contra el Covid-19 constituye una urgencia absoluta de salud pública y un derecho total de la población.

·       En consecuencia: que sea el Estado quien asuma directamente la ejecución del plan de vacunación; no guiado por el lucro, sino por el servicio público. Y que esto se haga bajo el control y vigilancia de los trabajadores de la salud, de sus organizaciones y sindicatos, y de la comunidad científica nacional.

·       Que, dada la emergencia, el Estado pueda disponer del uso de todos los recursos que están en manos de los grandes empresarios, empezando por los que hacen negocio con la salud del pueblo, para colocarlos al servicio de las necesidades de acelerar de manera absoluta el proceso de vacunación. Esto debería incluir medidas como tomar el control de todas las clínicas y en general del sistema privado del sector salud; también de todas las fábricas que se puedan colocar al servicio de la producción de recursos para atender los estragos de la pandemia; mejorar de inmediato las condiciones de trabajo en el sector salud, acabando con la precarización contractual, garantizando estabilidad laboral, salario profesional adecuado y, claro, la totalidad de recursos para maximizar las condiciones de bioseguridad en el sector.

Medidas como estás permitirían dar el necesario y total vuelco al plan de vacunación, e impedir la muerte de muchos de los que morirán si esto sigue en manos de las políticas del uribista Duque.



Pero con duque, todo es posible de empeorar

Pero por desgracia para el pueblo colombiano, este señor anda pensando en medidas muy distintas. Cuando se pensaría que no podría hacer algo peor para la salud pública… ahora Duque sale con autorizar a los empresarios privados a comprar y aplicar vacunas. Esto dizque para ayudar a que el plan de vacunación avance “de mejor manera”.

Con esto, además de todos los desastres arriba señalados, la vacunación en Colombia viviría un salto en materia de inequidad: se autorizaría a los privados a vacunar a “sus empleados y a las familias de estos”. Lo anterior implicaría que los trabajadores de empresas diferentes a los grandes oligopolios y monopolios, y más aún, los trabajadores informales y los desempleados, los campesinos, los indígenas…, y sus familias, estarían en desventaja pues no se favorecían de la “generosidad” de sus patronos. Mientras en las grandes empresas sí se beneficiarían los familiares de “trabajadores” como Luis Carlos Sarmiento Angulo, como Carlos Ardila Lülle, como Fuad Char, etc., etc. ¡Las ventajas de ser de “buena familia”!

No contentos con los privilegios que se les otorgan, los empresarios van por más: pretenden que se les autorice libertad total para negociar las condiciones para la compra de vacunas con las farmacéuticas. Puntualmente buscan algo que le gustará muchísimo a los vendedores de vacunas: poder pagarle a las farmacéuticas un precio mayor por vacuna que el pagado por el Estado colombiano. Esto significará que aquellas podrán cerrar negocios más lucrativos con los privados, y por tanto no dudarán en agilizar los negocios y entregas a los privados, en detrimento de los compromisos ya establecidos con el país. Maniobras para hacerlo “legalmente” habrán muchas. Por más que lo niegue el gobierno, esto permitirá a los privados competir en condición de ventaja contra el ya mediocre plan público de vacunación.

Como si todo lo anterior fuera poco, ahí vemos a este presidente centrando los esfuerzos, en pleno tercer pico de la pandemia, en la agresiva y anti-obrera “reforma” tributaria, avanzando en medidas patronales y anti-obreras como el 1174, insistiendo en el proyecto de ley 010 que favorece aún más a los mercaderes privados de la salud; intensificando políticas de sumisión al imperialismo en materia de narcotráfico (como la aspersión aérea de glifosato) que favorecen el incremento de la violencia en los campos, las masacres, y el asesinato de líderes y lideresas sociales; clamando por más agresiones contra Venezuela… y un largo etcétera. Por todo lo anterior gana importancia el apoyo al paro nacional llamado por las Centrales Obreras y el Comité Nacional de Paro para el próximo 28 de abril; razones más para que las direcciones de las centrales intensifiquen su preparación por la base.

Definitivamente, para infortunio del derecho a la vida y a la salud del pueblo colombiano, a las calamidades que en sí mismas significan la pandemia y la crisis económica, los trabajadores y pobres de Colombia padecemos una tercera calamidad: ¡la del gobierno uribista de Duque!

 

Cacerolazoenlinea

12 de abril del 2021

 



sábado, 6 de febrero de 2021

La pandemia en Colombia: voracidad capitalista, servilismo e ineptitud del gobierno Duque


El gobierno y los medios de comunicación se han ocupado de repetirnos una y otra vez que las altas cifras de contagio y muerte por Covid-19 en el país son consecuencia de la irresponsabilidad ciudadana, ¡mienten!. Mienten sistemáticamente para ocultar que la responsabilidad de la crisis sanitaria y económica que estamos padeciendo es del gobierno, de sus mezquinas decisiones y de una burguesía nacional e imperialista que tienen como único objetivo seguir haciendo negocios, enriqueciéndose así sea a costa de la muerte de miles de personas.

 Con más de 2 millones de contagiados y 55 mil muertes, Colombia -como han indicado los rankings internacionales- es uno de los países que de peor manera ha encarado el manejo de la pandemia en el mundo. Lo que eso ha supuesto para la población trabajadora es, en el mejor de los casos, un empobrecimiento sin precedentes, y en las peores circunstancias enfrentar el hambre, la enfermedad y la muerte. Con tasas de desempleo que llegaron al 20%, una cifra de muertes que duplica la población que pereció en una catástrofe como la de Armero en 1985, un nivel de contagio que se encuentra entre los más altos a nivel mundial y con limitadas esperanzas de acceder a una vacuna, el gobierno Duque nos quiere hacer creer que ha hecho un manejo excepcional de las circunstancias.

 

Las medidas de Duque para contener la emergencia económica: plata por montones… para los banqueros

 Duque y sus esbirros se pavonean con total arrogancia diciéndonos que su inversión en el manejo de la pandemia para 2020 fue de 117 billones de pesos (equivalente al 11% del PIB), sin embargo, en un estudio del Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana se denunció que según los contratos y las cuentas presentadas la cifra apenas llegaba a 2,7 billones a junio de ese año (es decir, solo el 0,25 % del PIB); de los restantes de 114 billones de pesos no se tienen reportes.

 Realmente la mayoría de esos recursos estuvieron destinados al sistema bancario, por un lado, como garantías de crédito, es decir, para proteger a los bancos de posibles impagos. Por otro, los dueños del capital financiero, se beneficiaron de créditos del Banco de la República por 13 billones de pesos. Es decir, mientras en el país 1 de cada 5 trabajadores perdían el empleo porque el gobierno Duque no otorgó a tiempo subsidios a las nóminas de las pequeñas empresas y no entregó ayudas económicas a las familias trabajadoras más carenciadas; los Sarmiento Ángulo (Grupo Aval), el Grupo Empresarial Antioqueño (Bancolombia), los Gillinski (Sudameris, Servibanca) y los demás sátrapas dueños del sistema bancario nacional se repartían los dividendos acumulados (ganancias que les corresponden a los empresarios según cada acción de la empresa que posean), que para el mes de septiembre de 2020 ya eran de casi 25 billones de pesos. Como si fuera poco los fondos privados de pensiones, de los que también son dueños estos parásitos, reportaron ganancias por 27 billones de pesos, aún así no le aseguran una pensión a ningún colombiano.

 Mientras la pobreza y el hambre han crecido en el mundo por efecto de la pandemia, los multimillonarios se han hecho aún más ricos, no han perdido nada, han seguido ganando por montones. Solo en Colombia –según cifra de Oxfam con estimaciones de las cifras disponibles en Forbes y ONU-, las fortunas de tres billonarios (Sarmiento Ángulo, Gillinski y Santo Domingo) han crecido en cerca de 10 billones de pesos; dinero con el cual se podrían entregar cerca de 2 millones de pesos a más de 5 millones de trabajadores pobres.

 Que un pequeño comerciante o un pequeño empresario decida protestar por la implementación de una cuarentena es consecuencia de esa política económica, que un trabajador informal, un vendedor ambulante salga a exponer su salud y su vida en la calle es resultado de esa política económica, que 300 familias acampen frente a la Alcaldía Local de Ciudad Bolívar en Bogotá reclamando ayudas económicas porque mueren de hambre en sus casuchas de los cerros es resultado de esa política económica, del desprecio e indolencia de la clase social burguesa y de las medidas que su gobierno, el patético gobierno Duque, ha tomado o se ha negado a tomar. 

 

Una reforma tributaria en los planes y una reforma laboral en los hechos

Duque y su ministro Carrasquilla, con su cinismo característico, ahora nos dicen que por el dinero que le han entregado al sistema financiero existe un hueco fiscal que deben solucionar, que se requiere una nueva reforma tributaria y su novedosa propuesta es que la tenemos que pagar nosotros, la clase trabajadora, nuevamente proponen incrementar el cobro del IVA y ampliarlo a todos los productos de la canasta básica familiar. Mientras en países como Argentina se han implementado impuestos a las grandes fortunas y existen cada vez más economistas en el mundo que reclaman ese tipo de medidas, el gobierno uribista sigue demostrando que es el gobierno de la gran burguesía, de la oligarquía, y que es incapaz de tomar una medida que la pueda afectar, por el contrario está dispuesto a esquilmar al pueblo trabajador hasta la última gota de sangre.

 Los grandes empresarios desde la pasada reforma tributaria ganaron grandes excepciones en impuestos, sin embargo los escuchamos quejarse en los medios de comunicación porque supuestamente pagan impuestos muy altos, también mienten. Una persona perteneciente al 10% más rico en la Unión Europea paga en promedio 21.3% de sus ingresos en impuestos, en Estados Unidos 14% y en Colombia apenas el 5%. Estos «pobres empresarios» son los mismos que reclaman que es necesario que los trabajadores vuelvan a las fábricas, almacenes, obras o cultivos, no les importa la economía del país, mucho menos la salud de sus empleados, eso es un cuento, se preocupan exclusivamente por sus ganancias. Su presión por reabrir la economía y no ofrecer ninguna ayuda al pueblo trabajador también es responsable de la situación actual de crisis. 

 Esos burgueses insaciables son los que también reclaman una reforma laboral y pensional, el gobierno Duque se las ha concedido soterradamente. El decreto 1174 va en esa dirección, es una clara contrareforma laboral que entró en vigencia desde el pasado 1 de febrero. Este decreto formaliza el trabajo por horas, liquida la posibilidad de pensionarse ampliando el sistema de BEPs (Beneficios Económicos Periódicos, que permite mesadas pensionales por debajo del salario mínimo) y sigue engordando el negocio de los fondos privados de pensiones, deja abierta la posibilidad del despido sin indemnización, profundiza las condiciones de inestabilidad laboral y por todo ello liquida las posibilidades de asociación y sindicalización.

 

La crisis sanitaria: denuncias contundentes del talento en salud y servilismo de Duque ante las transnacionales farmacéuticas 

 Pero el gobierno no solo es responsable de la crisis económica, la crisis de salubridad no es un cruel destino que estábamos condenados a soportar, ha sido también consecuencia de la insensatez e ineptitud de Duque y sus ministros. El gobierno uribista no ha atendido los reclamos y recomendaciones de los trabajadores de la salud, aún hoy en distintas regiones del país los médicos, enfermeras, auxiliares de enfermería, personal de seguridad y servicios generales en los hospitales laboran sin condiciones de bioseguridad adecuadas, con salarios adeudados de tres o cuatro meses y en una condición de exposición infame que ha cobrado la vida de más de 150 de ellos. Las comunidades científicas y médicas han reiterado que con la pandemia ha quedado demostrado que el sistema de salud en Colombia es un desastre, que desde la entrada en vigencia de la ley 100 –promovida por el entonces senador Álvaro Uribe-, pasó de ser un sistema público de salud a ser un negocio de unos cuantos empresarios, que privilegian sus intereses económicos por encima de la prevención y atención de los pacientes.

 Agremiaciones como el Colegio Médico de Bogotá han denunciado como los gobiernos -tanto el nacional como los locales-, han mentido con las cifras de ocupación de las camas UCI, en ciudades como Bogotá existió a comienzos de este año un colapso del sistema hospitalario, la demanda de camas UCI sobrepasó la oferta, por lo que se tuvieron que trasladar pacientes desde Bogotá a ciudades como Barranquilla y Cartagena. La respuesta del gobierno a estas denuncias ha sido mantener las condiciones de precarización laboral del talento en salud, apoyar una reforma del sistema que propone concentrarlo y monopolizarlo aún más (Proyecto de ley 010 de 2020). Duque y su ministro de salud Fernando Ruíz entregaron la realización de las pruebas Covid a las EPS y han sido un completo fracaso, el país nunca ha llegado a las cifras que se requieren para la detección temprana y el seguimiento de los contagios. Sin importar esos resultados ahora les entregan la aplicación de las vacunas, que posiblemente lleguen al país en algún momento.

 Que hoy tengamos plan de vacunación, página para el plan de vacunación y hasta la fecha ninguna vacuna también es responsabilidad de la política servil de Duque, en este caso con las grandes empresas farmacéuticas imperialistas (Pfizer, Aztrazeneca, Jonhson & Jonhson, Moderna, GlaxoSmithKline, Merck o Sanofi). El gobierno uribista se negó a votar a favor de la iniciativa de Sudáfrica y la India en la OMC (Organización Mundial del Comercio) para que las patentes de las vacunas fueran de acceso libre y así pudieran ser producidas por los laboratorios de muchos más países en el mundo, de este modo también en ese escenario se puso del lado de los monopolios empresariales y en contra de una solución global y solidaria a la pandemia. El gobierno Duque también se ha negado a constituir una alianza con los países de la Latinoamérica para negociar en mejores condiciones ante las farmacéuticas, rechazó desde el comienzo de la pandemia las propuestas de la comunidad científica colombiana que reclamaban una inversión en ciencia y tecnología que recuperara las capacidades del país para producir vacunas, que podrían habilitar un trabajo conjunto con países como Brasil, Argentina y México para desarrollar una estrategia para la solución al acceso de la vacunas en la región.

 El gobierno tampoco se interesó en negociar con los rusos y chinos por su supeditación a los dictados de las trasnacionales imperialistas, tan solo ahora, cuando esas transnacionales le pagaron sus servicios dejándolo último en la fila de entregas, ahora, cuando el programa Covax de la OMS -que fue creado para el acceso a las vacunas de los países pobres del capitalismo- tampoco le asegura una dosis, ha decidido sentarse a negociar la vacuna Sputnik V del instituto de investigación ruso Gamaleya y las vacunas chinas producidas por Sinopharm, CanSino y Sinovac. Si en Colombia empieza algún día el programa de vacunación es muy probable que sea con estas vacunas. A Duque se le puede recordar el adagio popular: «así paga el diablo, a quien bien le sirve».

 

Alternancia educativa en Colombia: entre la mentira y la indiferencia

   No conformes con tan nefasto panorama la ministra de educación María Victoria Ángulo decreta la vuelta a la presencialidad en los colegios públicos y privados del país y la alcaldesa de Bogotá Claudia López hace lo mismo para la capital. Desde el Ministerio se han llenado la boca diciendo que han invertido 400 mil millones de pesos en recursos para el retorno a las aulas en los colegios públicos, ¡mienten!, suman peras con manzanas pues incluyen dineros que son destinados habitualmente para programas como el de alimentación escolar, realmente solo han invertido 64 mil millones, que equivale a un gasto de 2 millones de pesos por institución educativa en el país[1], con esos recursos ni siquiera se adecúa una batería sanitaria, en esas condiciones y con cifras de contagio que están por encima de los 9 mil casos diarios y una ocupación de camas UCI muy superior al 50% –cifra que según las comunidades científicas permitiría un retorno seguro- quieren que maestros y estudiantes regresen a las clases.

 El gobierno ha desarrollado cálculos de cuánto requiere invertir en la infraestructura educativa y tiene la plata para hacerlo, pero no lo hace y no lo hará porque prefiere tener debilitado el sistema de educación pública y responsabilizar de su crisis al gremio docente, hacerlo ver ante la población como quien se niega al retorno a las aulas, en últimas prefiere conducir a los profesores, los estudiantes y sus familias a la exposición, como lo ha hecho con el talento en salud.

 Más aún plantean un retorno a las aulas para los sectores sociales que tienen peores condiciones de vulnerabilidad, estudios a nivel mundial han planteado una y otra vez que quienes mueren por Covid están en los sectores más carenciados de la clase trabajadora, negros y latinos en Estados Unidos, estratos 1, 2 y 3 en países como el nuestro. Lo que los expertos llaman condicionamientos sociales para la enfermedad no son más que las circunstancias de pobreza y exclusión a las que se ven sometidas las familias que envían sus hijos a las instituciones escolares públicas. Gobierno y empresarios presionan para la reapertura de colegios no por su preocupación en los niños sino para que la mano de obra femenina que ha sido expulsada del mercado laboral durante la pandemia o ha tenido que asumir de forma más amplia las labores del cuidado en los hogares, vuelva a las fábricas. Su altruismo se corresponde nuevamente con su vil interés.

 

Las tendencias bonapartistas y fascistas del gobierno uribista avanzan

 Las vidas de los trabajadores colombianos no valen nada para el gobierno y los empresarios, son cifras, estadísticas, les da lo mismo que sean 5 mil o 50 mil, lo que realmente les importa es mantener su caja de ingresos funcionando. Que es de esa manera se expresa también con el asesinato de líderes sociales y las masacres que no cesan, Duque y sus ministros no se inmutan al salir diariamente a decir que los asesinatos son consecuencia del narcotráfico, del ELN y las disidencias de las FARC, mientras las bandas paramilitares asesinan defensores de derechos humanos, ambientalistas o dirigentes campesinos defensores de la sustitución de cultivos. Duque expresa su menosprecio por los miles de muertos cuando declara duelo nacional por la muerte del ministro de defensa Holmes Trujillo -comandante de la fuerzas militares y de policía que cometieron la masacre de jóvenes el pasado mes de septiembre- pero poco y nada dice o hace por esas miles de familias que han sido víctimas de la pandemia o la violencia política, solamente nos repite una y otra vez sus estribillos del supuesto éxito de su gobierno. 

 Duque se ha ocupado de colocar en todos los entes de control a sus partidarios y amigos, ahora da un paso adelante para borrar las alarmantes cifras de asesinatos de líderes sociales en el país, le ha indicado a su defensor del pueblo, el acusado de corrupción Carlos Camargo, que las cifras de líderes asesinados solo pueden ser publicadas por la fiscalía general de la nación, a cargo de su amigo y escudero el fiscal Francisco Barbosa. La fiscalía históricamente ha entregado cifras menores de líderes asesinados y se ha ufanado de esclarecer los asesinatos que investiga, la falsedad de sus declaraciones y la ineficacia de sus acciones se demuestra en que la matanza no ha parado. Esta nueva jugadita del uribismo en el poder no tiene otro fin que pretender acabar con el problema negando que existe.

 El nepotismo ya es una marca registrada del uribismo, así como pusieron sus fichas en la fiscalía, la contraloría, la procuraduría y la defensoría del pueblo, ahora lo hacen en el Banco de la República donde nombraron a Bibiana Taboada, cuyo mayor merito para el cargo es ser hija de la ex - ministra del interior y de trabajo Alicia Arango, circunstancia similar se presentó con el nombramiento del nuevo ministro de defensa Diego Molano, quien fue presentado por Duque como idóneo para el ministerio porque es hijo de un militar, nació en un hospital militar y estudió en un colegio militar. El nuevo ministro se reacomoda de cargo para seguir repitiendo el mismo coro de Duque y el fiscal sobre los asesinatos de líderes, la ilustre codirectora es una nueva ficha que el gobierno pone para limitar la autonomía del Banco.

 

¿Qué respuesta debemos dar los trabajadores a esta situación?

 Los científicos, médicos, enfermeras y sus agremiaciones son hoy la vanguardia en el enfrentamiento a la política del gobierno, debemos reconocerles ese lugar, exigir a las centrales obreras y a las direcciones políticas y del movimiento de masas que rodeen al talento en salud, que constituyan en torno suyo un frente de lucha común para lograr revertir las crisis sanitaria y económica que estamos atravesando. 

 El planteamiento de «Colombia, un solo hospital» que han sostenido las comunidades científicas y médicas responde a la necesidad de centralizar la prevención, detección y atención para enfrentar la pandemia. Un plan de vacunación, por ejemplo, debe responder a ese horizonte, no puede entregarse al caótico y fracasado modelo de las EPS. Los reclamos de los profesionales de la salud van en dirección de derogar la ley 100 y avanzar hacia un sistema de salud público estatal, que como ha quedado demostrado a nivel mundial es el mecanismo de política social que realmente puede hacerle frente a una crisis como la actual. Eso supone romper con la privatización del sistema de salud y con la precarización a la que ha sido sometida su personal.

 En lo inmediato han venido haciendo énfasis en la prevención, sostienen que es necesario mantener las cuarentenas, las normas de distanciamiento social y de protección personal, pero eso, han subrayado, no funciona si no se plantean las políticas para combatir los condicionamientos sociales que amplían las posibilidades de contagio de la enfermedad, por ello han sostenido la necesidad de la «renta básica». Sus consignas son hoy las consignas que mejor responden a las circunstancias y por ello deberían ser apoyadas decididamente por todo aquel que se precie de tener un carácter progresista y democrático.

 Son estos mismos científicos y personal de salud los que frente al problema de la vacunación han planteado que es necesario que las negociaciones con las transnacionales farmacéuticas tienen que ser transparente ante la población, los dineros con los que se negocia son públicos y por tanto también tienen que serlo los términos de contratación. Se debe presionar al gobierno para que las negociaciones se den de cara a la sociedad, para que respalde las iniciativas para hacer públicas las patentes y para negociar de forma mancomunada con los otros países de la región ante las farmacéuticas, para que invierta los dineros en ciencia y tecnología que nos permita actuar de forma conjunta también en la producción, administración y distribución de vacunas, el gobierno no hará nada de esto sino actuamos masivamente a favor de los reclamos que estas comunidades y asociaciones han venido haciendo.    

 En materia económica los trabajadores colombianos estamos en mora de tomar como consignas la «renta básica» y el «salario mínimo para las mujeres que desarrollan las labores del cuidado en los hogares», pero además necesitamos luchar por la derogatoria del decreto 1174, combatir la política económica del gobierno Duque y torcerle el brazo para que la reforma tributaria quite las exenciones tributarias a los ricos e imponga un impuesto a las grandes fortunas, dinero tienen y por montones, que sean ellos los que paguen la crisis, porque son ellos y su avaricia la que de fondo explica la debacle social, económica y sanitaria actual.

 El llamado que debemos hacer a la centrales obreras y a las direcciones políticas del movimiento de masas es a que se coloquen al servicio de la defensa de estas políticas, que convoquen a la unidad de acción en torno a la agremiaciones médicas y científicas, que se constituya un frente común con ellas, pero no simplemente con declaraciones públicas, es necesario que se establezca un plan de acción que conduzca a un proceso de movilización, que sea constante, contundente y que responda a las condiciones de salubridad de forma responsable. Es necesario convocar para ello un gran encuentro nacional en defensa de la salud, de la vida y por la superación de la crisis económica para las familias trabajadoras.

 Un plan de ese carácter solo se puede alcanzar si se logran articular los distintos sectores que han salido a luchar en los últimos años, por eso se requiere un encuentro amplio y democrático, que tome como ejemplo las acciones desarrolladas por la Minga indígena el año anterior, que demostró que se pueden hacer acciones de masas contundentes, que presionen al gobierno y que cuenten con mecanismos de control de la salubridad.

  

¡Por un frente único de lucha encabezado por los profesionales y trabajadores del sector salud!

¡Por un encuentro nacional en defensa de la salud y la vida, para la superación de la crisis económica!

¡Por un plan de lucha para torcerle el brazo al gobierno Duque!

¡Por el salario mínimo para las mujeres que desarrollan las labores del cuidado en los hogares!

¡Renta básica ya!

 


[1]Así lo plantea una investigación citada por el experto en educación Julián de Zubiría https://www.youtube.com/watch?v=CoEUcxccOAQ e investigaciones citadas por el presidente de la Fecode William Velandia https://www.youtube.com/watch?v=PT80DixTJVs

 

jueves, 19 de noviembre de 2020

19N y 21N. Conmemoración Paro nacional.

 ✊🏾🔥Vamos TODOS UNIDOS a protestar:

19N y 21N. Conmemoración Paro nacional. 

23N en memoria de Dilan Cruz y todos los caídos

25 N Día de la No Violencia contra las mujeres . 

 ¡Unidad para avanzar!

 ¡Viva el paro nacional! 

🔥🔥✊🏾✊🏾




domingo, 26 de abril de 2020

¡Para que no nos lleven como borregos al matadero!

 «Como lo dispusimos con @IvanDuque, las personas de las finanzas, contabilidad, recursos humanos, administración, mercadeo, es decir, todo el back office seguirá en teletrabajo. Los únicos que saldrán del aislamiento serán los operarios de industrias y los obreros de construcción”.

Marta Lucía Ramírez, tweet 22 de abril. 

 


El gobierno uribista de Duque, privilegiando los intereses económicos de unos cuantos capitalistas y no la salud de los colombianos, mantuvo abierto hasta el 19 de marzo el Aeropuerto El Dorado y el tráfico aéreo en todo el país, 13 días después del ingreso del primer contagiado con Covid-19, esa decisión hizo posible la propagación del virus y la emergencia sanitaria consecuente; hoy contamos con 5379 contagiados y 244 personas muertas. La responsabilidad política de esa catástrofe es del gobierno nacional.

Nuevamente esos intereses económicos son los que motivan al gobierno a implementar su «reapertura gradual de la economía». La vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, con su cinismo de clase, lo deja claro en su tweet: no todos vamos a exponer la vida. Los parásitos que viven del trabajo de los otros como Jaime Alberto Cabal presidente de Fenalco (Federación nacional de comerciantes), Rosmery Quintero presidenta de Acopi (Asociación colombiana de pequeños industriales), los Sarmiento Ángulo (dueños del grupo Aval), el grupo empresarial antioqueño (dueños del grupo Bancolombia) o los Santo Domingo (accionistas de Bavaria, D1) seguirán veraneando en sus casas de campo o en sus mansiones en el norte de Bogotá; ninguno de ellos viajará en el transporte público, irá a la obra o a la fábrica con mil o dos mil compañeros, tendrá que hacer fila en las urgencias de un hospital para poder acceder a un respirador artificial si se contagia y llega a estar gravemente enfermo.  

Es la clase trabajadora, somos miles de obreros los que vamos a volver a laborar sin contar con los mecanismos adecuados de protección contra el virus, sin que el país tenga la capacidad de aplicación y análisis de pruebas de detección masiva del Covid-19, sin haber ampliado la capacidad hospitalaria instalada y sin haber dado, al menos, las garantías de bioseguridad para los trabajadores de la salud. Esto supone, que con cualquier aumento de los casos de contagio, las muertes por falta de una infraestructura de atención médica crecerán exponencialmente, es decir, nos llevan como borregos al matadero. 

Existen compañeros trabajadores que están dispuestos a ir a exponerse a esa condena, pero eso tiene una explicación: ¡hay hambre en los barrios! y cuando falta el plato de comida en la mesa, cuando nuestros niños padecen hambre, estamos dispuestos a dar la vida misma. Nuevamente la responsabilidad de esa situación es del gobierno Duque que ha hecho lo que ha estado en sus manos para colocarnos contra la pared y que terminemos apoyando su criminal «apertura gradual». 

Duque gobierna al servicio de una pandilla de explotadores, es su representante. Por eso no llegan mercados a nuestros barrios y se pone en riesgo el pago de nuestros salarios o se pierden tantos puestos de trabajo cada día, porque el dinero público que sale de nuestro trabajo y del pago de los impuestos el gobierno se lo entrega a banqueros nacionales y extranjeros, a los terratenientes y a la burguesía en general que incrementa su riqueza aún en tiempo de pandemia, es por eso también que ni siquiera llegan los préstamos a las pequeñas y medianas empresas causando despidos masivos. También por eso ha aprovechado la pandemia para imponer un paquetazo de medidas anti-obreras.

El levantamiento de la cuarentena no puede quedar en manos de nuestros verdugos. No son Duque, su ministro de salud Fernando Ruíz  o los distintos representantes de la burguesía que aparecen en los medios de comunicación, los que deben tomar esa decisión, tampoco son los alcaldes y gobernadores que ahora capitulan a las presiones de la burguesía para «reabrir la economía», que  reprimen en los barrios los justos reclamos del pueblo trabajador. Claudia López, por ejemplo, ha deslegitimado las protestas barriales y ha pasado a reprimirlas con el Esmad, y lamentablemente aunque oponiendo cierta resistencia y discutiendo el ritmo, finalmente aceptó aplicar la «apertura gradual» de Duque. Quienes deben orientar cualquier medida sobre la cuarentena son los científicos y los trabajadores de la salud siguiendo las experiencias que han sido efectivas en la contención de la pandemia a nivel internacional.

 

¡Que las decisiones las tomen los científicos y el personal de salud!

¿Qué dicen los científicos? La viróloga y microbióloga Beatriz Parra ha planteado que no se cuenta con la información requerida para relajar la cuarentena pues no se han realizado las pruebas de contagio suficientes. Los hechos corroboran esa posición. La ciudad con más contagiados es Bogotá, en ella se realizan únicamente 2.000 pruebas diarias y se tienen represadas cerca de 3.000 por falta de reactivos, no son muchas más las que se realizan a nivel nacional , por lo que no se tiene una estadística confiable del desarrollo de la epidemia. 

El gobierno nos dice que se crearán protocolos de seguridad para evitar el contagio de los trabajadores que regresemos a fábricas, empresas y construcciones, pero a esta altura ni siquiera se les ha asegurado esa protección a los trabajadores del sector salud. El personal médico tiene en este momento 306 casos de positivos para Covid-19, es decir, el 6.7% de todos los casos en el país. Tal hecho no se puede explicar sólo porque ellos estén en la primera línea de atención, es consecuencia de que no se les han dado los equipos de protección en bioseguridad indispensables para desarrollar su labor. En algunos casos ni siquiera se les han pagado los salarios atrasados o se les despide por solicitar hacerse la prueba de contagio. 

Los conocedores del sistema de salud en Colombia advierten que no se cuenta con las herramientas para enfrentar un incremento de los contagiados. En el caso de Bogotá sólo se tiene la cuarta parte de los respiradores necesarios para responder al pico de la pandemia, es decir, si ese pico llega de forma más prematura porque se relaja la cuarentena y el virus se extiende de manera exponencial como puede suceder a partir de la «reapertura gradual», no se tiene la capacidad para atender la demanda de camas hospitalarias. La epidemióloga Zulma Cucunubá asegura que si se retoma la vida social como antes se tendrían tres contagios adicionales por cada infectado.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que en América Latina lo peor está aún por venir, no hemos llegado aún al pico de la pandemia y acelerar su llegada nos conduciría a situaciones como las que se padecen hoy en Ecuador, país en el que ni siquiera la infraestructura funeraria da abasto. Si no escuchamos a los científicos y nos guiamos por las estupideces que salen a decir los voceros de los explotadores y el gobierno como la senadora uribista María Fernanda Cabal enfrentaremos una catástrofe aún peor a la que estamos viviendo.

 

¡Cuarentena sí, pero sin hambre!

El pueblo trabajador tiene hambre, pero no tendría porque ser así, los trabajadores hemos creado riqueza suficiente para afrontar la crisis generada por la pandemia, para atravesarla sin padecer la miseria y la muerte a la nos quieren condenar Duque y la burguesía colombiana. No nos dejemos engañar con el falso dilema según el cual sólo hay dos alternativas: mantener la cuarentena y morirnos de hambre o volver a trabajar para «reactivar la economía» y así tener con qué comer.

Lo que hay detrás de este falso dilema es el interés de que un puñado de ricachones no quieren dejar de ganar lo que venían ganando o que incluso quieren aprovechar la crisis para ganar todavía más, como pasa ahora con los bancos. Nosotros sostenemos que existe una tercera alternativa: colocar todos los recursos y riquezas de la sociedad al servicio del bienestar común, y no del lucro privado; así se podría hacer realidad la consigna de los barrios populares: ¡cuarentena sí, pero sin hambre¡, y enfrentar la pandemia desde una perspectiva científica en favor de la humanidad.

Lo que debemos hacer es exigir que esos recursos y riqueza se distribuyan entre la población con una renta básica mensual, que dineros como los que Duque entregó a los bancos -13.5 billones de pesos-, pasen directamente a los hospitales, clínicas y laboratorios, a la compra de mercados y al pago de una renta básica mensual a cada trabajador, lo mismo se puede hacer con los dineros que pagamos a la banca mundial por la deuda externa que equivale al 54% del PIB nacional. Nosotros invitamos a defender un programa de emergencia para afrontar la crisis como el que hemos venido sosteniendo desde este espacio (que usted puede conocer en el siguiente link: https://cacerolazoenlinea.blogspot.com/2020/04/programa-de-emergencia-contra-duque-y_12.html).

 

La única salida es la lucha organizada

A pesar de la dura situación que vivimos es posible luchar para exigir garantías y defendernos, prueba de ello y ejemplo a seguir son los trabajadores que viven en cientos de barrios populares y comunas que con su auto-organización, con sus bloqueos y con sus ruidosos cacerolazos nos muestran el camino. En ellos el trapo rojo ondea como bandera, como expresión de rabia, pero también de dignidad y de deseo de lucha.

Ejemplo son también aquellos que están en primera línea de la batalla contra la pandemia, los médicos y trabajadores de la salud, quienes ofrecen todo su empeño por cuidarnos pero también vienen realizando plantones y acciones de protesta contra los contratos precarios, los malos salarios y por el acceso a la protección de bioseguridad necesaria. 

Una actitud de lucha semejante la vimos inicialmente en los inmigrantes, los vendedores ambulantes e informales, los trabajadores de la construcción, y los presidarios que han protestado legítimamente por condiciones de salubridad necesarias para protegerse de la pandemia al interior de las cárceles y por ello fueron impunemente masacrados. Lucha continua es la de los líderes sociales y los defensores de DDHH que también siguen siendo impunemente asesinados en todo el territorio nacional -15 de ellos durante la cuarentena, 71 líderes sociales en total y 20 excombatientes de las FARC-. 

Quienes están resistiendo nos han mostrado sobradamente que hay formas de lucha en medio de esta difícil situación. Lo que falta es la decisión política de las grandes direcciones para fortalecerlas y unificarlas. Es urgente que todas las direcciones que confluyeron en el histórico paro del 21N, las que constituyeron el Comité Nacional de Paro: centrales obreras, organizaciones campesinas, indígenas, estudiantiles, feministas, partidos de izquierda y de oposición al gobierno; asuman su responsabilidad y rodeen de solidaridad y apoyo a todos los sectores que vienen resistiendo, que coloquen su organización y sus recursos para favorecer la coordinación unitaria de estas luchas. 

Muchos de quienes protestan en los barrios populares son los padres y madres de familia de los niños y jóvenes que estudian en los colegios oficiales, y en universidades públicas. Gran tarea corresponde a la dirección de Fecode, de la ADE y demás sindicatos regionales de colocarse al servicio de estas luchas; también a ASPU y sus distintas seccionales. Los profesores de base debemos exigir a los dirigentes asumir esta tarea.

Desde CACEROLAZO en línea llamamos a denunciar y rechazar la «apertura gradual» de Duque, necesitamos la mayor unidad de los de abajo para buscar revertir esa irresponsable y criminal medida carente de garantías, y exigir la práctica de una cuarentena como lo reclama la comunidad científica y los barrios populares. 

Hagamos el llamado a que el Comité Nacional de Paro considere positivamente la propuesta hecha por Gustavo Petro: «convocar al primer cacerolazo en cuarentena». Sí, un gran cacerolazo nacional, que sea parte de un plan nacional de lucha. Es urgente, es necesario, y si las direcciones lo llaman e impulsan con fuerza, sería posible. Un buen momento para llevarlo a cabo, como ha planteado la CUT, sería el próximo viernes Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores. Los dirigentes tienen la palabra.

 

Bogotá, 26 de abril del 2020

Entradas Populares