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lunes, 12 de abril de 2021

UNIDAD CON PADRES Y MADRES DE FAMILIA Y ESTUDIANTES PARA RESISTIR LA ARREMETIDA DEL URIBISTA DUQUE

En medio del tercer pico que arrojó un promedio de 11.640 contagios en los últimos 7 días, llegando a 14.509 el pasado 10 de abril, la ministra de educación y el ministro de salud, expidieron la circular externa 026, en la que ordenan la “apertura de los colegios” sin importar las deficientes condiciones de bioseguridad y de infraestructura de las instituciones educativas. La circular llega al extremo de negar no sólo a los gobiernos escolares sino también a las secretarias de educación y a los gobiernos regionales la facultad de hacer “cierres preventivos de las instituciones educativas” quedando el gobierno nacional como el único autorizado a permitirlos. Así se agrava el rasgo autoritario y antidemocrático que ha profundizado este gobierno uribista durante la pandemia, en detrimento del cuidado de la salud pública.

En el caso de Bogotá, epicentro de la pandemia, la administración distrital en cabeza de Claudia López y de la Secretaría de Educación, bajo todo tipo de amenazas y chantajes, que se asemeja más a los rasgos autoritarios del gobierno nacional que a lo anunciado en su campaña para la alcaldía, presiona para que a partir del martes 13, los colegios de la ciudad, regresen a la presencialidad bajo la modalidad de alternancia

En este marco, es urgente que el magisterio en unidad con padres y madres de familia y estudiantes, nos dotemos de una política para resistir a esta nueva arremetida del gobierno de Duque en favor del capital, en detrimento del derecho a la salud y a la vida, y que, unidos, reivindiquemos el verdadero derecho a la educación en las condiciones que impone la actual situación de pandemia. Debemos acoger la experiencia y recomendaciones de la comunidad científica, en el sentido de que, mientras no alcancemos la inmunidad de rebaño, la proporción entre el trabajo presencial y el trabajo en casa, debe ser inversamente proporcional a la evolución de la pandemia y en todo caso, previa implementación del 100% de las medidas de bioseguridad en las instituciones educativas. Esto es a mayor contagio, menor presencialidad, a menor contagio, mayor presencialidad; y en momentos de los picos como el de ahora, la presencialidad debe ser CERO.

Por el derecho de los trabajadores y del pueblo pobre a la vida y a la educación, derrotemos la nefasta política del uribista Duque.

En el mundo nos acercamos a los 3 millones los fallecidos por la pandemia. El hecho que la humanidad, en pleno siglo XXI, haya resultado tan vulnerable ante el Covid-19, tiene un responsable central: el sistema capitalista imperialista mundial. No se podría explicar el monumental desastre sin tener a la vista lacras propias del capitalismo como: el imponer la obtención de ganancias y más ganancia para el capital como el supremo criterio rector de las prioridades de la sociedad; la irracional depredación de la naturaleza motivada por el ánimo de lucro; el descomunal salto en la inequidad, desigualdad social y pobreza; y la criminal opresión de los países ricos sobre los pobres.

Y es que la pandemia que ha significado la enfermedad para millones, la muerte para centenares de miles no es democrática, los mayores damnificados son las poblaciones pobres, los negros, los migrantes, los mayores, los afectados por comorbilidades. Así mismo la crisis económica, que aceleró la pandemia, golpea con más brutalidad a los trabajadores y pobres del mundo, mientras un puñado de mega millonarios se enriquecen aún más.

En nuestro país, la pandemia no solo encontró un sistema de salud público destruido por la voracidad de unos cuantos capitalistas contribuyendo a elevar sustancialmente el número de muertes, muchas de ellas evitables; también encontró un sistema de educación pública desfinanciada, en crisis, con un déficit de más de 73 billones de pesos al 2017, con instituciones sin agua potable, sin baterías de baño, sin conectividad, etc., que ha impedido cualquier grado de presencialidad que la situación epidemiológica hubiera permitido. Tampoco se apoyó seriamente la educación no presencial. Ni el gobierno nacional ni los regionales apoyaron a las familias, garantizando equipos y conectividad para todos los estudiantes, ni la renta básica de por lo menos un salario mínimo que protegiera a sus familias. Tal circunstancia ha significado que miles de estudiantes hayan tenido que combinar sus actividades académicas con la incorporación al mercado de trabajo, otros, por la precariedad de sus recursos, no hayan podido acceder a eso que el gobierno llama «virtualidad», no tienen computador o tableta, conexión fija a internet o datos. La desigualdad en materia educativa se acrecienta y condena a esta generación a una evidente limitación en sus procesos formativos.

En el caso de los maestros de los colegios oficiales, colocaron todo de sí, creando de un día para otro todo un sistema de educación remota, sin haber sido preparados para ello, y sin contar con el suficiente apoyo del Estado, usando sus propios recursos: su casa, sus servicios públicos, su internet, sus computadores (que en muchos casos tuvieron que contratar y comprar a las carreras), usando sus horas de descanso, afectando la atención a sus propias familias, y dando un paso al frente para estar en la primera línea del apoyo a los estudiantes y a sus familias, trabajando en equipo con estas, y en no pocos casos en condiciones de precariedad laboral, (como es la situación de los docentes de los colegios privados), lograron paliar la situación, para no dejar que se perdiera del todo el año escolar.

Sin embargo, Duque y su partido se han dedicado a estigmatizar a FECODE y al magisterio, lo que ha conducido al incremento de las amenazas y asesinatos de maestros. Ataques que dan continuidad y buscan el objetivo de destruir la fuerza de FECODE, como lo hizo con la Minga Indígena, con los jóvenes que salieron a protestar contra la violencia policial, contra los líderes de restitución de tierras o defensores de los derechos humanos, en fin, contra todos aquellos que le opongan resistencia en un intento por evitar cualquier proceso de articulación y organización de la lucha contra la brutal ofensiva de la rosca oligárquica en el poder.

Duque y su gobierno pretenden responsabilizar a los maestros de la penosa situación en que se encuentran nuestros los niños y sus familias, afectados en todos los terrenos, desde los académicos, pasando por los socioafectivos, del incremento de la violencia intrafamiliar, del abuso sexual, del reclutamiento de jóvenes por los grupos armados etc. No nos llamemos a engaños, el gobierno no pretende resolver estos problemas que son producto de las causas estructurales de desigualdad, de las condiciones de miseria y falta de oportunidades que la pandemia ha agudizado pero que no son nuevas.

La verdad que el gobierno oculta, es que el objetivo de abrir los colegios, responde al interés de liberar la mano de obra de aquellos miembros de las familias que han tenido que quedarse en casa para atender a los estudiantes, en su mayoría mujeres, para que esté disponible para la explotación por parte de los empresarios; y para acrecentar la masa de desempleados creando mayor presión para que estos acepten condiciones más precarias de trabajo. Recordemos que con su decreto 1174 Duque legalizó y entregó a los patronos nuevas herramientas para ultra-precarizar y sobre-explotar a los trabajadores (trabajo por horas). La circular también está hecha a la medida de la necesidad de los mercaderes privados de la educación, del transporte, de los contratistas del PAE, etc. Esta ofensiva es pues una medida más de este gobierno en la dirección de favorecer los intereses del capital, en detrimento de los de las masas populares en estos tiempos de pandemia y crisis económica.

Por ello, desde las bases del magisterio debemos llamar a la dirección de  FECODE a poner en el centro de su accionar -más allá de la mera reivindicación sindical-, la organización de  padres de familia, estudiantes y profesores, para unidos exigir el derecho a la educación pública y al buen ejercicio de la profesión docente, lo que en la actual situación de pandemia significa: primero, brindar a la comunidad educativa todas los recursos necesarios para el desarrollo, en condiciones dignas, de la porción de educación que continúe bajo la modalidad no presencial (empezando por garantías de conectividad gratuita y universal); y, segundo,  entregar de emergencia todos los recursos económicos, humanos y materiales  para crear las condiciones previas que garanticen las medidas de bioseguridad adecuadas para la porción de la educación que pueda comenzar a pasar a la modalidad presencial, siempre que el curso de la pandemia lo permita.

De esta manera, en un frente compuesto por profesores, padres de familia y estudiantes, podremos contrarrestar la pretensión del gobierno y del ministerio de educación de dividir a la comunidad educativa, enfrentando a las familias de los estudiantes con los docentes, haciéndoles creer que los responsables del deterioro de la educación pública durante la pandemia ha sido el magisterio; vil maniobra gubernamental para ocultar su responsabilidad al haber privilegiado durante la pandemia los intereses de los grandes empresarios sobre los de las familias y los hijos de los trabajadores y los pobres.

El pliego de peticiones y la estructura organizativa de FECODE, al servicio de la lucha y la movilización.

FECODE es la federación sindical más grande del país, tenemos el reto -como en otros momentos de la historia política del país-, de contribuir a derrotar la nefasta política del uribista Duque. Colocar como primer punto del actual pliego de peticiones la lucha por las condiciones previas y la conectividad.  Así mismo, junto a la comunidad médica, y los trabajadores de la salud, que son hoy en día la primera línea en la defensa del derecho a la vida, levantar la consigna COLOMBIA UN SOLO HOSPITAL, la exigencia de la vacunación gratuita y universal, la liberación de las patentes y por encima de todo, impedir que la vacunación caiga en manos privadas, como pretenden ya algunos mercaderes de la salud.

FECODE debe también junto con el movimiento sindical, las organizaciones sociales, indígenas, juveniles, campesinas, y otras, sumarse y jugar un papel protagónico en la lucha por la renta básica de un salario mínimo y sin condiciones para todos los que la necesiten, por reclamar que el Estado les reconozca pago salarial a las miles de mujeres que por efectos de la pandemia han tenido que asumir el cuidado del hogar y el apoyo al proceso educativo de sus hijos; así mismo, la lucha contra la reforma tributaria, laboral y pensional que ya está en curso, por juicio y castigo a los responsables de los asesinatos de líderes sociales y masacres, de los mal llamados falsos positivos, de los que bombardean indiscriminadamente niños y niñas, víctimas del abandono del Estado.

Para que esto se haga realidad, es necesario que las fuerzas políticas y sociales que tienen presencia en las organizaciones sindicales, depongan sus intereses particulares, depongan actitudes sectarias y divisionistas y defiendan el sindicato, como una organización de frente obrero para luchar contra el patrón y contra el gobierno, y no como un instrumento para fortalecer los distintos proyectos políticos y personales. Defender al interior del sindicato la democracia sindical, entendida como la participación activa y consciente de las bases en la toma de decisiones, es lo que puede hacer la diferencia, entre un sindicato para la lucha y un sindicato para la conciliación con el patrón.

Y así, de manera unitaria, intensificar en colegios, lugares de trabajo y barrios la preparación democrática y por la base del paro nacional convocado por las Centrales Obreras y el Comité Nacional de Paro para el próximo 28 de abril, contra el uribista gobierno de Duque y sus medidas antiobreras y antipopulares.

En cada colegio, en cada vereda, en cada municipio, juntémonos con padres y estudiantes para organizar la lucha por el derecho a la vida y el derecho a la educación.

En contra de las acusaciones del gobierno, a los maestros si nos importa la suerte de los niños y de sus familias, es por eso que a lo largo y ancho del país se desarrollan iniciativas que van desde campañas de solidaridad, hasta procesos organizativos que buscan arrancarle al gobierno condiciones reales que garanticen el derecho a la educación.

Un ejemplo de ello son los maestros de Puerto Caldas, un municipio de Risaralda que fue noticia en estos días por el brutal desalojo de la comunidad de San Isidro, ellos desde comienzo de año, se organizaron junto con los padres, y estudiantes para exigirle a la Secretaría de Educción de Pereira desde agua potable hasta el nombramiento de funcionarios (secretarios y vigilantes) para garantizar el proceso de matrícula y la protección de la institución. Han realizado mítines al frente de la alcaldía, constituido mesas de trabajo, reuniones con la comunidad en la que participan hasta los exalumnos que vienen desde otras localidades a defender el derecho a la vida y a la educación.

Por su parte los profes del Fernando Mazuera ubicado en la localidad de Bosa en Bogotá, desde el año pasado crearon un comité de solidaridad desde el cual vienen trabajando en campañas de apoyo a la comunidad, en la entrega de mercados y guías para las familias más vulnerables y este año están adelantando un derecho de petición exigiendo a la Secretaría de Educación equipos y conectividad para más de 2.000 familias, al tiempo que iniciaron el proceso de discusión de la exigencias previas para un eventual regreso a la presencialidad en el momento en que la evolución de la pandemia lo permita defendiendo el respeto a la autonomía institucional y  el derecho del gobierno escolar en cada institución a decidir si abre o no una porción de presencialidad.

Estos y otros ejemplos los deberíamos replicar en cada rincón del país, y juntos con la comunidad organizarnos para resistir a la ofensiva del uribista duque que pretende descargar el peso de la pandemia y de la crisis brutal crisis económica, sobre los trabajadores y pobres de Colombia.

11 de abril del 2021

viernes, 11 de diciembre de 2020

A UN AÑO DEL ASESINATO DE DILAN CRUZ: LA REBELIÓN DE UNA GENERACIÓN QUE SE RESISTE AL NO FUTURO

 

Los nadies: los hijos de nadie,
los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos,
rejodidos:

Los nadies,
que cuestan menos
que la bala que los mata.

(Fragmento de ‘‘Los nadies’’. Eduardo Galeano)

 

El 21N quedará guardado en los anales de la historia del país como el día en el que los de abajo despertaron, el día de la indignación, el inicio de una serie de jornadas de protesta donde el gobierno títere de Iván Duque estuvo contra las cuerdas. El 21N fue la acción de masas más importante desde el Paro Cívico Nacional de 1977, y como en esa ocasión, donde se configuró el Consejo Nacional Sindical (CNS), le planteó a todos los revolucionarios y luchadores del país, la necesidad de la unidad y trazar conjuntamente un derrotero de lucha. Para hacer frente a esa necesidad se creó el Comité Nacional de Paro, un logro político en cuanto a la organización de la lucha, aunque con limitaciones por el rol que jugó su dirección burocrática, que decidió no ir a fondo con la continuación y preparación de jornadas de Paro.

LA CRISIS DEL CAPITALISMO Y LA SENSACIÓN DE NO FUTURO DE LA JUVENTUD

La lucha del 21N se enmarca en una lucha a nivel mundial, donde los oprimidos se están rebelando contra el sistema, porque vivimos un momento particular donde el capitalismo agudiza su decadencia y se exacerban todos los males sociales. La angustia de los jóvenes al no encontrar posibilidades de estudio o trabajo cuando terminan la secundaria –algunos ni siquiera lo pueden hacer, porque deben desertar para ayudar a sostener sus familias– ha acrecentado la sensación de no futuro, la sin salida social.

Esta es una preocupación compartida, incluso, por algunos sectores burgueses, como se evidencia en el informe sobre las perspectivas de los jóvenes[1] con el enunciado ¿No Future?, donde se concluye que un sesenta por ciento de personas de todas las generaciones opina que los millennials (como se le conoce a la presente generación de jóvenes) son quienes peor viven y vivirán en el futuro, respecto a sus padres, en lo que se refiere a aspectos económicos y políticos.

La presente generación es, sin duda alguna, la generación de la crisis. Si bien la digitalización es lo que les define como grupo de edad, podríamos decir que, más que nativos digitales, son nativos en la crisis. Los jóvenes han crecido en medio de recesiones económicas, que han congelado su futuro y les ha provocado una sensación de frustración. Esta generación se ha criado en la fragilidad. Es la que más ha sufrido la crisis, la que tiene salarios más bajos y la precariedad durmiendo en casa.  En 2015, según el Banco Mundial, los contratos temporales que firmaron los trabajadores franceses y holandeses de entre 15 y 24 años representaron cerca del 50%. Es decir, en el futuro los jóvenes tendrán que trabajar más años y disfrutar menos ahorros para financiar sus pensiones a pesar de estar activos más tiempo que las generaciones precedentes.

 Además de las crecientes brechas entre dos generaciones, los jóvenes frente a los mayores, atravesamos tiempos, donde los niveles de desigualdad[2] son escandalosos y, particularmente en América Latina y el Caribe, donde el 20% de la población concentra el 83% de la riqueza. Según el informe, antes citado, el número de milmillonarios en la región ha pasado de 27 a 104 desde el año 2000. En grave contraste, la pobreza extrema está aumentando. En 2019, 66 millones de personas, es decir, un 10,7% de la población vivía en extrema pobreza, de acuerdo a datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

El efecto de las políticas neoliberales en la región ha hecho mella y, ante esto, muchos jóvenes han decidido tomar las calles y combatir al capitalismo –así sea de manera inconsciente y desordenada–, nos hemos reusado a ser una generación perdida. No solo en Colombia la juventud ha sido la vanguardia. En Puerto Rico, los jóvenes fueron artífices de la caída del gobernador Ricardo Roselló; en Haití protagonizaron fuertes levantamientos durante todo el 2019, exigiendo la renuncia de Jovenel Moïse y las políticas del Fondo Monetario Internacional (FMI); también se hicieron sentir los jóvenes en Ecuador, apoyando la resistencia al paquetazo económico del reaccionario Lenin Moreno y el FMI. En Chile, el proceso más profundo, mostró la heroica lucha de los jóvenes, alzándose, en principio, contra el cuarto aumento –en menos de dos años– a la tarifa del metro. Pero no era solo contra 30 pesos de aumento, era contra 30 años de precarización en la salud, en las pensiones, en la vivienda, los altísimos sueldos de parlamentarios, el aumento de la luz y el petróleo, la represión de las Fuerzas Armadas y todo el legado de la dictadura de Augusto Pinochet[3].  

También destacamos, este año, la lucha de los jóvenes –principalmente los afros– en Estados Unidos, contra el racismo y la violencia policial, contra el asesinato de George Floyd y levantando el puño con la consigna Black Lives Matter; así como en Perú, contra el ilegitimo y asesino gobierno de Manuel Merino, que, pese a desatar una represión como no se veía en años en ese país, no logró acallar las voces de los jóvenes que coreaban ‘‘¡Merino, escucha, el pueblo te repudia!’’, logrando que Merino, tras cinco días de presidencia, renunciara. De igual forma, aunque menos difundida, la lucha de los jóvenes guatemaltecos contra la aprobación del presupuesto nacional para el año 2021, que reduce las partidas para salud y protección social, las partidas para la universidad pública y el poder judicial, al tiempo que destina 100 millones de quetzales (más de US$12 millones) para una nueva sede del Congreso.

A nuestros abuelos, a nuestros padres y a nosotros mismos nos han quitado tanto, que nos quitaron el miedo. Los jóvenes ya no tememos enfrentar la represión o a gritar ‘‘¡Uribe, paraco, el pueblo está verraco’! Es la rebelión contra el sistema y sus gobernantes. Esta voz hace eco desde los jóvenes de clase media hasta los jóvenes de los sectores populares. Y uno de esos jóvenes que se atrevió a luchar por sus hermanos de clase, por su pueblo, en contra de las reformas pensionales y laborales, que joden profundamente a los ancianos, que impide que nuestros padres se pensionen o que desmejoran nuestro futuro, fue Dilan Cruz, un pelado de dieciocho años al que la represión de Duque le quitó la vida y liquidó sus sueños.

EL ASESINATO DE DILAN CRUZ: LA EXPRESIÓN DE ODIO A LOS HIJOS DE LA CLASE OBRERA

Dilan Cruz era un joven que soñaba con ingresar a la Universidad Pública, parte de su protesta tenía que ver con las escasas posibilidades que tienen los jóvenes de los sectores populares en Colombia para acceder a la Educación Superior. El 23 de noviembre, el tercer día de movilizaciones en el marco del Paro Nacional, seguían resonando las voces disidentes y, todavía con más fuerza, después de la noche anterior, la del 22N, que quedó para la historia como la Noche del Terror. Aquella noche de protestas, el gobierno Duque quiso infundir pánico en los barrios populares de Cali y Bogotá, con el ánimo de crear animadversión hacia el Paro, llevando a la gente a armarse con palos, machetes y hasta pistolas, para defenderse de los supuestos vándalos del Paro que iban a saquear sus casas. Al otro día se demostró que todo había sido un plan de Duque y el uribismo, en colaboración con la honorable Policía Nacional, para reventar el Paro. Policías de civil, en compañía de sectores lúmpenes (los desclasados), rompían los vidrios de las casas y se metían a los conjuntos residenciales a sembrar zozobra. La rabia que generó esta sucia estrategia contra el Paro, llevó a que la gente saliera a las calles a gritar vivas al Paro Nacional y a demostrarle a Duque, que no nos iba a sembrar terror.

Y como la estrategia no funcionó, aumentó la represión en las calles. La tarde del 23N, en la carrera 4.ª con calle 19 de Bogotá, Dilan Cruz cayó gravemente herido después de recibir un fogonazo de una escopeta calibre 12, disparado por un miembro del ESMAD. Aquel día, se repetía la historia de Nicolás Neira, joven de 15 años asesinado por un proyectil del ESMAD, el 1 de Mayo de 2005; de Johnny Silva, de 21 años, quien murió cinco meses después en la Universidad del Valle, en una protesta estudiantil contra el TLC que el gobierno Uribe se disponía a firmar con Estados Unidos; y de Miguel Ángel Barbosa, estudiante de la Universidad Distrital, quien cayó en una manifestación el 21 de abril de 2016.

No son los únicos, según la ONG Temblores, en su informe del año pasado, 34 personas han perdido la vida en medio de protestas desde la creación del ESMAD en 1999[4]. En todos estos casos, hay por lo menos algunas cosas en común. La mayoría de los asesinados eran jóvenes provenientes de los sectores bajos de la población, hijos de trabajadores, que luchaban por salir adelante en medio de la pobreza. Es decir, es un asunto de clase, que evidencia el desprecio por los jóvenes pobres, a quienes este Estado asesino considera desechos sociales. El otro aspecto en común es la impunidad. A pesar de que el Estado colombiano fue condenado desde 2011 por la muerte de Neira y Silva, la justicia sigue sin procesar a los responsables. En el caso de Nicolás, los uniformados de la Policía que coordinaron la operación y que, según la Fiscalía, intentaron encubrir la muerte del joven siguen libres y solo hay un condenado: quien lo confesó todo.



Pese a esto, el crecimiento en recursos y personal del Escuadrón de la Muerte (léase ESMAD), ha sido impresionante. Según la ONG citada, comenzó con 200 hombres y cero pesos para compras de elementos y armas. Seis años más tarde, los números eran otros: 1.352 integrantes y un presupuesto de casi $8.000 millones para compras de elementos y armas. En 2010, año en que Álvaro Uribe salió de la Casa de Nariño y llegó Juan Manuel Santos, el presupuesto para ese mismo fin iba por los $11.700 millones y el personal, por 1.843. En 2014, 2015 y 2017, el ESMAD recibió en total más de $31.000 millones para armas y elementos. Nunca antes ese grupo había recibido tantos recursos. Y peor todavía, en medio del desastre generado por la crisis económica y sanitaria por la pandemia de COVID-19, Duque, en vez de girar recursos para sostener a los más necesitados, se atrevió a gastar en nuevos implementos para el ESMAD, aprovechando la cuarentena en prevención contra las movilizaciones y estallidos sociales que se avecinan. El senador del Polo Democrático, Wilson Arias, denunció la licitación de la Policía Nacional por valor de $9.515.844.030 sin IVA, gastados en 81.000 gases lacrimógenos y 13.000 balas como las que asesinaron a Dilan Cruz. Adicionalmente, comprarán más de 23 mil esferas marcadoras. A esto se suma la bobadita de 7.900 millones de pesos en 5 tanquetas[5].

Lo anterior deja claro que, para este gobierno miserable la salud, la educación y la vida de los pobres importa un carajo. Y sus llamados de ‘‘el que la hace la paga’’ y sus condolencias con la familia de Dilan, no es más que cinismo y vil hipocresía. No ha hecho nada –ni lo va a hacer– frente a la exigencia de desmonte del ESMAD o de una reforma a la policía. Incluso, este año, fue asesinado Anderson Arboleda, un joven afro de 19 años, quien vivía en Puerto Tejada (Cauca) y, que, el 19 de mayo, tras recibir varios ‘‘bolillazos’’ en la cabeza por parte de un policía, perdió su vida, acción justificada por esta institución supuestamente porque incumplía con la cuarentena. También, el pasado 25 de junio, Duván Mateo Álvarez, joven de 15 años, que cursaba octavo grado en el colegio Buenos Aires del municipio de Soacha (Cundinamarca), fue asesinado por un proyectil de bala en medio de un desalojo a cargo de la Policía y el ESMAD, en la Ciudadela Sucre.

Estas muertes hacen parte de un largo historial de abusos cometidos por esta institución del régimen, que expresan, además, la sistematicidad de su accionar criminal y violento. ‘‘Según el informe «Bolillo, Dios y Patria» de la ONG Temblores, en el período 2017-2019, hubo 639 homicidios, 40.481 casos de violencia física y 241 de violencia sexual, en los que, basados en informes de Medicina Legal, hay un presunto miembro de la fuerza pública involucrado.”[6] Además de los grandes crímenes, es constante su agresión contra poblaciones específicas, su racismo, clasismo, machismo y homofobia.

Y si bien es cierto que, como lo documentó la ONG mencionada, en los años 2005, 2013 y 2016 (gobiernos Uribe, el primero, y Santos, los dos últimos) fueron los que más dejaron víctimas, en este gobierno se reactivaron las masacres, llegando, incluso a ciudades como Bogotá, donde no se habían atrevido a tanto.

DUQUE HA ESCALADO LAS TENDENCIAS FASCISTAS EN EL RÉGIMEN: LA MASACRE DEL 9S EN BOGOTÁ

El asesinato de Dilan Cruz no ha merecido de parte del gobierno el más mínimo esfuerzo por hacer justicia, por prevenir nuevos asesinatos de manifestantes o frenar la brutalidad policial. Todo lo contrario, Duque ha subido los niveles de represión y ha envalentonado a sus agentes homicidas. Un caso que lo muestra de manera clara es el asesinato del ciudadano Javier Ordoñez, de 43 años, estudiante de derecho a punto de graduarse y taxista de oficio, quien salió de su casa, donde departía con unos amigos, a comprar licor. Él y sus amigos fueron abordados por policías, -no era la primera vez que pasaba esto- quienes ya ‘‘tenían entre ojos’’ a Ordóñez. Al contradecir a los policías por un comparendo que le iban a imponer, fue atacado continuamente con una pistola ‘taser’ (que propina choques eléctricos). Javier Ordóñez suplicó una y otra vez ‘‘No más, por favor no más, por favor ya, en serio por favor ya no más.” Y los presentes gritaban ‘‘ya basta, que ya’’, pero se escuchaba descarga, tras descarga. Ordóñez fue trasladado al CAI (Comando de Acción Inmediata) de Villa Luz, en Bogotá, donde se lo siguió golpeando y torturando hasta terminar con su vida.

La reacción no se hizo esperar y la respuesta de los jóvenes de los barrios populares, a quienes la policía acostumbra a hostigar, perseguir e incriminar, fue la de quemar y destruir estos centros, que más que prestar atención se han convertido en centros de tortura, homicidios[7] y violaciones sexuales[8]. El caso de Ordóñez recordó, una vez más, la sevicia de la Policía Nacional y la impunidad que cubre sus acciones. La indignación se hizo presente en Bogotá, Barranquilla, Cali, Ibagué, Madrid y Mosquera (Cundinamarca), Medellín y Soacha, donde fueron atacados por lo menos 27 CAI en dos jornadas de insurrección juvenil, el 9 y 10 de septiembre. Como lo dijimos, el gobierno de Duque se venía preparando para futuras movilizaciones y estallidos y, en esta ocasión, no iba a permitir que se repitieran las jornadas de protesta iniciadas con el 21N. La policía, por su parte, como si se tratara de una guerra civil, cual agentes de una dictadura, no repararon en abrir fuego a diestra y siniestra, asesinando a 13 personas en Bogotá y Soacha, en una autentica masacre[9] en plena vía pública y a los ojos de quienes miraban atónitos desde sus casas.

Y como si fuera poco, los policías aprovecharon para violentar sexualmente a algunas mujeres. La ONG Temblores[10] documentó varias de estas denuncias y los abusos policiales, y escribió en un comunicado que el jueves 10 de septiembre en el CAI San Diego, de la localidad de la Candelaria, una mujer fue violentada: “uno de ellos empezó a acosarlas sexualmente, preguntándoles “Cómo vamos a arreglar”. Aprovecharon la situación de indefensión en que se encontraban ellas y procedieron los dos [policías] a manosearlas por encima de la ropa”.

JUICIO Y CASTIGO AL RESPONSABLE DEL ASESINATO DE DILAN CRUZ

Quienes participan en la multitud de la protesta suelen calificarse como ‘‘desechos de la sociedad’’, ‘‘vándalos’’ ‘‘bandidos’’, ‘‘ladrones’’, ‘‘salvajes’’, ‘‘mendigos’’ y un etcétera de apelaciones despectivas. La historia de los de abajo pocas veces se rememora pues, en cuanto menos se haga eco de dichas acciones, más fácil se las borra de la memoria colectiva y se impide que emerjan como referentes políticos para las nuevas generaciones.

Sobre Dilan se dijo que había estado en la correccional, que era un delincuente y que su participación en las jornadas del Paro solo obedecía a vandalismo. ¿Si así lo fuera, la Policía tiene la autoridad para matar? Estas noticias falsas, sumadas a las declaraciones que dio el gobierno, en las que se califica el hecho como un accidente propio de este tipo de procedimientos, solo buscan justificar su asesinato y que su caso quede en el olvido, que se convierta en un número más de las estadísticas de los crímenes impunes de este estado. El capitán del ESMAD -léase el asesino- Manuel Cubillos no cometió un accidente en un acto de servicio, sino que cometió un homicidio. Su actuación no fue para disuadir la protesta ni se rigió por los ‘‘protocolos’’ de esa institución, que dicen que debe disparar de forma parabólica, sino que tiró a matar, pues el disparo fue de frente y directo a la cabeza de Dilan.  Las pruebas del homicidio son bastante claras, sin embargo, al sol de hoy, el caso sigue en manos de la Justicia Penal Militar, donde se asegura la total impunidad del responsable.

La familia de Dilan busca que el caso pase a la justicia ordinaria. De no prosperar, plantean llevar el caso ante el Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Seguramente, intentarán dilatar y desgastar a la familia, como lo saben hacer en este tipo de situaciones. Por nuestra parte y en nombre de las decenas de miles de jóvenes que nos movilizamos el 21 N y que hemos combatido a este gobierno desde que se posesionó, seguimos exigiendo castigo a los culpables y llamamos a honrar su memoria como luchador y como hijo del pueblo.

El asesinato de Dilan Cruz, quien dejó de respirar justamente el día que se graduaba de la Institución Educativa Distrital Colegio Ricaurte, nos recuerda que estamos ante un Estado criminal y asesino, al que solo podemos enfrentar de manera unificada, siguiendo el camino de lucha del 21N. Las voces que han silenciado, los sueños que han truncado, solo afirman más nuestra convicción de seguir luchando por las mismas causas por las que cayeron, a luchar por la destrucción de este sistema explotador y opresor. Por preservar sus nombres y por lograr justicia, necesitamos organizarnos desde abajo, fortalecernos políticamente y prepararnos para las próximas movilizaciones, que seguro vendrán, y que requieren la máxima unidad para enfrentar y hacer retroceder a este gobierno y sus instituciones de represión.

 

¡Fuera el comandante de la policía Oscar Atehortúa y toda la cúpula de la Institución!

¡Juicio y castigo a los policías asesinos y no por la Justicia Penal Militar!

¡Fuera el ministro de defensa, el uribista Carlos Holmes Trujillo!

¡Por el desmonte del ESMAD!

¡Reforma radical de la policía Ya!

 



[2] OXFAM International. Los milmillonarios del mundo poseen más riqueza que 4600 millones de personas. Véase en línea: https://www.oxfam.org/es/notas-prensa/los-milmillonarios-del-mundo-poseen-mas-riqueza-que-4600-millones-de-personas

[3] Su lucha logró un triunfo democrático. El 25 de octubre del presente año se realizó un plebiscito, donde el 79% de la población que salió a votar aprobó una nueva Constitución, intentando dejar atrás el legado de la dictadura. Sin embargo, la lucha sigue abierta, pues si bien es un triunfo, aún no se sabe qué camino pueda tomar la Constituyente y puede que las masas se vean obligadas a salir nuevamente a las calles.

[4] El Espectador. 34 personas han muerto por acciones del Esmad desde su creación: ONG Temblores. 1-12-2019. En línea: https://www.elespectador.com/noticias/judicial/34-personas-han-muerto-por-acciones-del-esmad-desde-su-creacion-ong-temblores/

[5] PluralidadZ. Trujillo, Paula ¿Gobierno Duque se está preparando para futuras protestas? 05-06-2020. En línea: https://pluralidadz.com/politica/gobierno-duque-fortalece-el-esmad/

[6] Víctor de Currea Lugo. De cómo la gente perdió el miedo al abuso policial. 10 de septiembre. Véase en línea: http://victordecurrealugo.com/abuso-policial-colombia/

[7] Como sucedió el 4 de septiembre en la Estación de Policía de Soacha (cinco días antes de lo sucedido con Javier Ordóñez), donde murieron incinerados nueve jóvenes, bajo la complacencia de los agentes de policía que, pese a ver que los reclusos se estaban quemando, no hicieron nada, incluso impidieron que sus familiares apagaran las llamas.

[8] Para ampliar en este tema, léase Violación institucional sistemática por parte de las Fuerzas Armadas a los derechos y vida de las mujeres. En línea: https://cacerolazoenlinea.blogspot.com/2020/08/

[9] Para conocer nuestra posición al respecto, ver: https://cacerolazoenlinea.blogspot.com/2020/09/

domingo, 23 de agosto de 2020

¡S.O.S UNIVERSIDADES PÚBLICAS EN LUCHA POR LA MATRÍCULA CERO!


Que el gobierno de Duque asuma su responsabilidad política y financiera con las universidades públicas y sus estudiantes. Que garantice YA la matrícula cero en todas las universidades públicas del país, para amortiguar la crisis que los estudiantes y nuestras familias estamos viviendo en el contexto actual de la pandemia, no solo por la emergencia sanitaria sino también por la zozobra que vivimos constantemente, por no saber si podremos comer o estudiar, por la bancarrota económica de nosotros y de nuestras familias.


La decisión del Gobierno y el Ministerio de Educación Nacional de continuar con la modalidad de “educación virtual”, por los menos hasta lo que queda de este año, como una medida de prevención ante las dificultades que presenta la educación presencial por el contagio del virus, resulta preocupante y alarmante para todas las universidades públicas del país, por la crisis financiera estructural que estas padecen hace mucho y que se profundiza cada vez más en esta coyuntura de crisis económica generalizada. ¿Bajo qué condiciones piensa el gobierno de Duque que se podrá continuar hasta fin de año? si desde el principio esta medida ha presentado un sin número de dificultades debido a la desfinanciación de la educación pública y a la situación crítica de la mayoría de los estudiantes, que en muchos casos ni siquiera cuentan con conectividad a internet ni con equipos para procesar información.

El Gobierno Nacional no ha atendido el clamor de los estudiantes que valientemente en medio de la pandemia han salido en defensa de sus universidades por medio de tomas y plantones, exponiéndose al contagio y a los ataques del ESMAD. Por el contrario, reafirma su desprecio hacia las universidades públicas, arrojando a algunos a la realización de huelgas de hambre como última medida de presión, pues el descaro y la desidia de Duque y su gabinete no tienen límites.

A pesar de que no se han visto marchas multitudinarias por la dificultad que representa el contexto del virus, cada vez se siente con más fuerza la solidaridad y acompañamiento de múltiples sectores a los y las compañeras que se están arriesgando en los campamentos. ¡Saludamos fraternalmente las luchas que se han llevado a cabo estos meses y las que se mantienen en pro de la Matrícula cero! Es evidente que de no haber sido por la pandemia y la presión ejercida por los y las estudiantes en las manifestaciones que se llevaron a cabo a nivel nacional en estos últimos meses -y sin el apoyo de diversos sectores-, el Gobierno Nacional no hubiese siquiera pensando en aumentar el presupuesto a la educación pública, pero ese incremento está muy lejos de garantizar a matrícula cero, como ha querido hacer creer Duque. En el caso de las universidades públicas, como en el de las familias pobres y los hospitales, es patente la misma infamia de poner encima de todo, los intereses de los bancos y de los grandes empresarios.

No es que no haya plata, sí la hay, solo que invertir en la educación pública no es una prioridad porque no es un negocio ni beneficia económica y políticamente a la burguesía de este país, todo lo contrario, Duque y la oligarquía no tienen ningún interés en que se fortalezca y se preserve el pensamiento crítico y político que se forja dentro de las U. públicas y menos en este momento, por el contrario su plan a lo largo del tiempo ha sido desfinanciar y quebrar a las universidades públicas, bien para destruirlas o para poder privatizarlas y controlar todo lo que en ellas surge. La realidad es que ¡Sin inyección real de presupuesto el gobierno condena a los estudiantes a la deserción másiva y le niega el derecho a la educación a toda una generación. 

Foto tomada por Al carajo
Toma de la UPN / 
Foto Tomada por Al Carajo - Medio Informático 

¡NO NOS DEJEMOS ENGAÑAR: LA MATRÍCULA 0 DE DUQUE ES UN ESPEJISMO!

En este contexto Duque tiene el cinismo de anunciar el 11 de agosto que se han invertido $974 mil millones de pesos que beneficiarán a cerca de 400 mil estudiantes universitarios con el costo de la matrícula, que sería financiada entre un 70 % y un 100% para estratos 1 y 2, y que, según afirma "esta ayuda es una forma de entender la realidad y la afectación que tienen las familias colombianas, haciendo un aporte claro y concreto sin que esto implique sacrificar el acceso al conocimiento y la educación”, sabiendo que no es cierto, pues cuando se revisan las cifras que están en la página oficial del Ministerio de Educación queda en evidencia que lo único que hace es reencauchar cifras de ayudas que YA FUERON DADAS, y que muchos de estos dineros son asumidos por entes territoriales y Fondos de Solidaridad y, lo peor, que en la mayoría de los casos involucran dinero de las mismas universidades, que es tan infame como poner a donar sangre a un anémico.

Este anuncio tiene como propósito engañar a la población, convencerla – una vez más a través de su uso manipulador de los medios de comunicación serviles- de que ya está todo solucionando para los estudiantes, cuando la realidad es que el aporte hecho por el Gobierno Nacional fue de $97.500 millones, que tuvieron que ser repartidos entre las 63 IES, es decir, un promedio del 12% de lo que necesita cada una para cubrir la Matrícula Cero. Este mísero aporte fue hecho en mayo, cuando aún se estaba en pleno semestre 2020-1.

Frente al llamado de la comunidad universitaria los alcaldes y gobernadores de algunos departamentos destinaron fondos para contribuir a la condonación, pero en el caso de universidades que son de tipo Nacional, la situación es mucho más compleja, pues son las mismas universidades quienes han tenido que exprimirse para costear las matrículas, exponiéndose a huecos financieros que luego pueden ser contraproducentes, como en el caso de la Universidad Pedagógica Nacional, donde se dispusieron $2.122 millones que fueron sacados de la reducción de gastos que son necesarios para mejorar infraestructura o invertir a la investigación o para ayudar a aliviar la situación de sus estudiantes con programas urgentes de Bienestar universitario adaptados a la situación de la pandemia, además el rector asegura que este esfuerzo sólo puede hacerse por este semestre (2020-2) , pues el Gobierno Nacional sólo aportó $1.170 millones; mientras que la Universidad Nacional trasladó de sus propios recursos $2.200 millones para cubrir al 63% del pregrado y $800 millones para posgrados. ¿Qué pasará en los años posteriores cuando la crisis se agudice?

Lo que vemos es que, además de no garantizar el derecho a la educación de muchos estudiantes, a quienes arroja ya mismo a la deserción, estamos ante el hecho cierto de que la crisis estructural de las universidades públicas se agudiza, poniendo incluso -en perspectiva- a muchas en riesgo de quiebra o desaparición. La oligarquía y Duque no derramarán una lágrima por este desastre.


HASTA AHORA HEMOS CONSEGUIDO ALGUNAS CONQUISTAS PARCIALES

Es bien sabido que, sin las conquistas del paro estudiantil del 2018, la crisis actual sería tan profunda que seguramente para el semestre 2020-2 algunas universidades estarían cerradas.

Incluso lo que se ha ganado ahora, de parte de los entes regionales y de las administraciones de las mismas universidades, es en todo caso una conquista, así sea muy parcial y llena de complicaciones, de estas luchas actuales y del apoyo recibido por distintos sectores de la sociedad.

La base lograda para la mayoría de las universidades fue la matrícula cero para los estratos 1 y 2, las variantes se encuentran en los porcentajes de apoyo a los estratos restantes, por ejemplo, en la universidad del Valle se espera un apoyo del 30% para estrato 3 y un 20% para estrato 4, conseguido junto a la Gobernación del Valle del Cauca, además de $1.000 millones para conectividad. En la universidad de Sucre fue junto a la Alcaldía de Sincelejo con $300 millones de pesos y la Gobernación de Sucre por $1.000 millones de pesos. En la universidad de Caldas sólo se podrá beneficiar un 42% del estrato 2. Para la Universidad Industrial de Santander las matrículas serán asumidas por el gobierno departamental y buscará además apoyar a los estratos 1 y 2 de las Unidades Tecnológicas de Santander y la Universidad de la Paz. 

En la universidad Tecnológica de Pereira fue por medio de un aporte de $2.437 millones que reunieron en una bolsa común la Gobernación de Risaralda y las Alcaldías de 12 municipios. En Medellín fueron tres instituciones: el Politécnico Jaime Isaza Cadavid, Universidad de Antioquia, Tecnológico de Antioquia con un aporte de $20 mil millones por parte de la Alcaldía, que además presiona a la Gobernación de Antioquia para que brinde ayudas a las demás instituciones que están bajo su cargo. En cuanto a la Universidad Distrital Francisco José de Caldas se requiere $6.800 millones, de los cuales la Institución sólo puede poner el 50% (recordemos que se está recuperando de la corrupción de su anterior administración) más los aportes que hagan desde la Alcaldía de Bogotá.

El desprecio, el odio de clase de Duque y el sector que representa, que hemos visto durante todo este largo período de la pandemia, se hace patente en este caso de las universidades públicas. Pero también su ineptitud y mediocridad, han llevado una y otra vez a que sean los alcaldes y los gobernadores los que tomen las iniciativas, pero, para colmo del cinismo, Duque y su partido no asumen las responsabilidades nacionales por estos asuntos, sino que se las adjudican a esos gobiernos locales y regionales.

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(RECUADRO No.1)

NO A LAS ARBITRARIEDADES DE LAS ADMINISTRACIONES CONTRA PROFESORES Y TRABAJADORES DE LAS UNIVERSIDADES PÚBLICAS 

Pero no son somos sólo los estudiantes los que padecemos esta infamia, ya que cientos de maestros y maestras no saben si van a conservar su empleo, y la inmensa mayoría -ocasionales y catedráticos- está a punto de quedarse sin seguridad social, cuando se venzan sus vinculaciones y tengan que asumir no sólo el desempleo sino la suspensión de sus afiliaciones a las EPS que les afecta ellos/as, pero también a sus familias, todo lo cual está a punto de ocurrir en medio del pico de la pandemia en todo el país. La misma infame situación espera a miles de trabajadores y trabajadoras de servicios generales y administrativos.

Y como la infamia no es sólo universal, sino que además cobra forma en el corazón de todo tipo de personajes y circunstancias, a lo dicho se suman las innumerables violaciones de derechos y abusos por parte de las Administraciones universitarias  y de los jefes en los distintos niveles, quienes aprovechan la pandemia para despedir maestros y maestras, acosar laboralmente a los colegas, perseguir activistas sindicales y negarse a negociar con los sindicatos, obstruyendo o impidiendo el legítimo derecho a la asociación y al ejercicio sindical.

Especial atención merece la denuncia que nuestros maestros y maestras hacen constantemente de la agudización de la precarización y la sobreexplotación laboral en medio de la pandemia, con el teletrabajo, pues las universidades no han flexibilizado sus planes de trabajo, como tampoco han flexibilizado las condiciones de la enseñanza, lo que ha redundado tanto en el alargamiento de hecho de la jornada laboral, el recorte del tiempo de sus vidas privadas y hasta el incremento de sus gastos en tecnología y servicios públicos, pero también en mayores dificultades para desarrollar el trabajo académico, lo que ha llevado a que las instituciones no den una adecuada respuesta pedagógica al duro momento que vivimos los estudiantes.

Un caso particularmente oprobioso, al que dedicaremos toda su amplitud más adelante, es el de la administración de la UPN, que muestra una conducta esquizofrénica, pues, al mismo tiempo que anuncia su apoyo a la financiación de las matrículas de los estudiantes está a punto de aprobar en los consejos Académico y superior el así llamado el Procedimiento Administrativo Sancionatorio aplicable a los docentes Ocasionales y Catedráticos de la Universidad Pedagógica NacionalUn proyecto autoritario y discriminatorio, que se ensaña en los profesores más vulnerables de la universidad -el 80%- buscando no sólo arrebatarles derechos políticos como ciudadanos, sino también arrebatarles conquistas económicas y académicas como trabajadores de la educación a través de sanciones disciplinarias.

Pero lo más ruin es que deja ver el deseo de la administración de librarse de la crítica y la protesta de sus profesores y de romper todo vínculo de solidaridad entre estos, los estudiantes y los demás trabajadores de la universidad. Nos solidarizamos con nuestros maestros y maestras y llamamos a derrotar este engendro de estilo casi uribista. Exigimos mantener el empleo de todos los trabajadores docentes y no docentes de las universidades públicas (que se cumpla el decreto 491 del 28 de marzo, en el que el gobierno se compromete y exige mantener el empleo a los trabajadores contratistas del estado, incluyendo a profesores catedráticos y ocasionales y trabajadores administrativos), que se garantice su seguridad social y se respeten sus derechos sindicales y políticos.

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CON LA PANDEMIA SE AGUDIZA LA CRISIS ESTRUCTURAL DE LAS UNIVERSIDADES PÚBLICAS

La crisis de la educación pública no es nueva, hunde sus raíces en el texto constitucional en donde se establece que la educación es un servicio y se desarrolla en la ley 30 de 1992 que amarra la financiación de las universidades según el crecimiento del IPC. Esta situación ha llevado a que hoy las universidades se sigan financiando con los mismos recursos de los años noventa y que su déficit bordee los 19 billones de pesos. Aun cuando se han logrado arrancar algunas inyecciones de presupuesto, gracias a la lucha estudiantil, estas no han sido suficientes para cubrir el hueco financiero que se agravará con la crisis económica que hasta ahora empieza.

No siendo poco, con la apertura económica y la llegada del neoliberalismo, la privatización se convirtió en el aspecto común de las reformas, planes y programas sobre educación.

Los distintos gobiernos y sobre todo los más recientes Santos y Duque, serviles a los mandatos de la OCDE, el BM y el FMI que imponían el fortalecimiento de la educación técnica y tecnológica y exaltaba el papel del ICETEX como el mejor ejemplo de financiación, impulsaron diversos programas y leyes como la reforma a la ley 30 durante el Gobierno de Santos que buscaba privatizar la universidad pública, el extinto Ser Pilo Paga que destinó recursos estatales a universidades privadas y que se ha reencauchado hoy en el programa Generación E.

Estos son solo algunos ejemplos de los diversos programas, leyes, planes y proyectos que han atacado la existencia de las universidades y que el movimiento estudiantil, por medio de las movilizaciones, ha logrado resistir y en parte frenar (como en 2011 y 2018).  Sin embargo, todo lo ganado sólo fueron algunos recursos para impedir las quiebras o cierres inminentes en el 2018, incluso muchos de los acuerdos no se han cumplido, pero en las actuales condiciones se está retrocediendo con respecto a lo conquistado e incluso estamos entrando en una nueva etapa más crítica que puede significar la quiebra o el cierre de muchas universidades.

La combinación de la crisis estructural con la actual crisis generalizada de la economía en medio de la pandemia, seguramente se prestará para que los enemigos de la universidad pública avancen en la expedición de decretos y leyes privatizadoras, es posible incluso que algunas no puedan soportar las consecuencias de la crisis y se vean obligadas a cerrar. Esta combinación podría ser la oportunidad perfecta para dar la estocada final a las universidades públicas, es por esto que el movimiento estudiantil debe continuar alerta, pues está claro que el gobierno nacional no soltará ningún recurso a menos que lo (arranquemos o consigamos) por medio de la organización y lucha de los diversos sectores que buscan una educación pública gratuita y al servicio del pueblo pobre.

 

SOLIDARIDAD, UNIDAD, RESITENCIA Y ORGANIZACIÓN

Hoy por las condiciones extraordinarias, se hace urgente y necesario dar una solución a la coyuntura (MATRÍCULA CERO), pero no solo por nuestra crítica situación como estudiantes, sino también por los trabajadores y profesores que se encuentran precarizados, sobreexplotados con el trabajo virtual. En este momento el llamado fundamental y la bandera que debemos tener es: la unidad y la solidaridad, entre todas las universidades públicas, con los trabajadores y profesores y desde la universidad con los trabajadores y pobres que están resistiendo esta durísima crisis sanitaria y económica, pero también con los que resisten los asesinatos y masacres, el ataque brutal del régimen en complicidad con los paramilitares. Empecemos por rodear de solidaridad y apoyo las acciones de resistencia que se están librando en diversas universidades, para ir avanzando hacia acciones más amplias, por la MATRÍCULA CERO.

 

Pero es necesario reconocer que estamos entrando en una crisis peor que las que enfrentamos en 2011 y 2018, esto debe llevarnos a trabajar unidos con una perspectiva de lucha más amplia, de gran envergadura, que nos permita ganar el apoyo de muchos sectores de la sociedad para impedir la quiebra o cierre de nuestras universidades. Para todo esto es urgente retomar el método democrático de las asambleas para tomar decisiones, así como retomar el camino de la coordinación y la organización de carácter nacional que nos permita construir una respuesta programática y política de gran alcance a la actual crisis.

 

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