sábado, 6 de febrero de 2021

La pandemia en Colombia: voracidad capitalista, servilismo e ineptitud del gobierno Duque


El gobierno y los medios de comunicación se han ocupado de repetirnos una y otra vez que las altas cifras de contagio y muerte por Covid-19 en el país son consecuencia de la irresponsabilidad ciudadana, ¡mienten!. Mienten sistemáticamente para ocultar que la responsabilidad de la crisis sanitaria y económica que estamos padeciendo es del gobierno, de sus mezquinas decisiones y de una burguesía nacional e imperialista que tienen como único objetivo seguir haciendo negocios, enriqueciéndose así sea a costa de la muerte de miles de personas.

 Con más de 2 millones de contagiados y 55 mil muertes, Colombia -como han indicado los rankings internacionales- es uno de los países que de peor manera ha encarado el manejo de la pandemia en el mundo. Lo que eso ha supuesto para la población trabajadora es, en el mejor de los casos, un empobrecimiento sin precedentes, y en las peores circunstancias enfrentar el hambre, la enfermedad y la muerte. Con tasas de desempleo que llegaron al 20%, una cifra de muertes que duplica la población que pereció en una catástrofe como la de Armero en 1985, un nivel de contagio que se encuentra entre los más altos a nivel mundial y con limitadas esperanzas de acceder a una vacuna, el gobierno Duque nos quiere hacer creer que ha hecho un manejo excepcional de las circunstancias.

 

Las medidas de Duque para contener la emergencia económica: plata por montones… para los banqueros

 Duque y sus esbirros se pavonean con total arrogancia diciéndonos que su inversión en el manejo de la pandemia para 2020 fue de 117 billones de pesos (equivalente al 11% del PIB), sin embargo, en un estudio del Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana se denunció que según los contratos y las cuentas presentadas la cifra apenas llegaba a 2,7 billones a junio de ese año (es decir, solo el 0,25 % del PIB); de los restantes de 114 billones de pesos no se tienen reportes.

 Realmente la mayoría de esos recursos estuvieron destinados al sistema bancario, por un lado, como garantías de crédito, es decir, para proteger a los bancos de posibles impagos. Por otro, los dueños del capital financiero, se beneficiaron de créditos del Banco de la República por 13 billones de pesos. Es decir, mientras en el país 1 de cada 5 trabajadores perdían el empleo porque el gobierno Duque no otorgó a tiempo subsidios a las nóminas de las pequeñas empresas y no entregó ayudas económicas a las familias trabajadoras más carenciadas; los Sarmiento Ángulo (Grupo Aval), el Grupo Empresarial Antioqueño (Bancolombia), los Gillinski (Sudameris, Servibanca) y los demás sátrapas dueños del sistema bancario nacional se repartían los dividendos acumulados (ganancias que les corresponden a los empresarios según cada acción de la empresa que posean), que para el mes de septiembre de 2020 ya eran de casi 25 billones de pesos. Como si fuera poco los fondos privados de pensiones, de los que también son dueños estos parásitos, reportaron ganancias por 27 billones de pesos, aún así no le aseguran una pensión a ningún colombiano.

 Mientras la pobreza y el hambre han crecido en el mundo por efecto de la pandemia, los multimillonarios se han hecho aún más ricos, no han perdido nada, han seguido ganando por montones. Solo en Colombia –según cifra de Oxfam con estimaciones de las cifras disponibles en Forbes y ONU-, las fortunas de tres billonarios (Sarmiento Ángulo, Gillinski y Santo Domingo) han crecido en cerca de 10 billones de pesos; dinero con el cual se podrían entregar cerca de 2 millones de pesos a más de 5 millones de trabajadores pobres.

 Que un pequeño comerciante o un pequeño empresario decida protestar por la implementación de una cuarentena es consecuencia de esa política económica, que un trabajador informal, un vendedor ambulante salga a exponer su salud y su vida en la calle es resultado de esa política económica, que 300 familias acampen frente a la Alcaldía Local de Ciudad Bolívar en Bogotá reclamando ayudas económicas porque mueren de hambre en sus casuchas de los cerros es resultado de esa política económica, del desprecio e indolencia de la clase social burguesa y de las medidas que su gobierno, el patético gobierno Duque, ha tomado o se ha negado a tomar. 

 

Una reforma tributaria en los planes y una reforma laboral en los hechos

Duque y su ministro Carrasquilla, con su cinismo característico, ahora nos dicen que por el dinero que le han entregado al sistema financiero existe un hueco fiscal que deben solucionar, que se requiere una nueva reforma tributaria y su novedosa propuesta es que la tenemos que pagar nosotros, la clase trabajadora, nuevamente proponen incrementar el cobro del IVA y ampliarlo a todos los productos de la canasta básica familiar. Mientras en países como Argentina se han implementado impuestos a las grandes fortunas y existen cada vez más economistas en el mundo que reclaman ese tipo de medidas, el gobierno uribista sigue demostrando que es el gobierno de la gran burguesía, de la oligarquía, y que es incapaz de tomar una medida que la pueda afectar, por el contrario está dispuesto a esquilmar al pueblo trabajador hasta la última gota de sangre.

 Los grandes empresarios desde la pasada reforma tributaria ganaron grandes excepciones en impuestos, sin embargo los escuchamos quejarse en los medios de comunicación porque supuestamente pagan impuestos muy altos, también mienten. Una persona perteneciente al 10% más rico en la Unión Europea paga en promedio 21.3% de sus ingresos en impuestos, en Estados Unidos 14% y en Colombia apenas el 5%. Estos «pobres empresarios» son los mismos que reclaman que es necesario que los trabajadores vuelvan a las fábricas, almacenes, obras o cultivos, no les importa la economía del país, mucho menos la salud de sus empleados, eso es un cuento, se preocupan exclusivamente por sus ganancias. Su presión por reabrir la economía y no ofrecer ninguna ayuda al pueblo trabajador también es responsable de la situación actual de crisis. 

 Esos burgueses insaciables son los que también reclaman una reforma laboral y pensional, el gobierno Duque se las ha concedido soterradamente. El decreto 1174 va en esa dirección, es una clara contrareforma laboral que entró en vigencia desde el pasado 1 de febrero. Este decreto formaliza el trabajo por horas, liquida la posibilidad de pensionarse ampliando el sistema de BEPs (Beneficios Económicos Periódicos, que permite mesadas pensionales por debajo del salario mínimo) y sigue engordando el negocio de los fondos privados de pensiones, deja abierta la posibilidad del despido sin indemnización, profundiza las condiciones de inestabilidad laboral y por todo ello liquida las posibilidades de asociación y sindicalización.

 

La crisis sanitaria: denuncias contundentes del talento en salud y servilismo de Duque ante las transnacionales farmacéuticas 

 Pero el gobierno no solo es responsable de la crisis económica, la crisis de salubridad no es un cruel destino que estábamos condenados a soportar, ha sido también consecuencia de la insensatez e ineptitud de Duque y sus ministros. El gobierno uribista no ha atendido los reclamos y recomendaciones de los trabajadores de la salud, aún hoy en distintas regiones del país los médicos, enfermeras, auxiliares de enfermería, personal de seguridad y servicios generales en los hospitales laboran sin condiciones de bioseguridad adecuadas, con salarios adeudados de tres o cuatro meses y en una condición de exposición infame que ha cobrado la vida de más de 150 de ellos. Las comunidades científicas y médicas han reiterado que con la pandemia ha quedado demostrado que el sistema de salud en Colombia es un desastre, que desde la entrada en vigencia de la ley 100 –promovida por el entonces senador Álvaro Uribe-, pasó de ser un sistema público de salud a ser un negocio de unos cuantos empresarios, que privilegian sus intereses económicos por encima de la prevención y atención de los pacientes.

 Agremiaciones como el Colegio Médico de Bogotá han denunciado como los gobiernos -tanto el nacional como los locales-, han mentido con las cifras de ocupación de las camas UCI, en ciudades como Bogotá existió a comienzos de este año un colapso del sistema hospitalario, la demanda de camas UCI sobrepasó la oferta, por lo que se tuvieron que trasladar pacientes desde Bogotá a ciudades como Barranquilla y Cartagena. La respuesta del gobierno a estas denuncias ha sido mantener las condiciones de precarización laboral del talento en salud, apoyar una reforma del sistema que propone concentrarlo y monopolizarlo aún más (Proyecto de ley 010 de 2020). Duque y su ministro de salud Fernando Ruíz entregaron la realización de las pruebas Covid a las EPS y han sido un completo fracaso, el país nunca ha llegado a las cifras que se requieren para la detección temprana y el seguimiento de los contagios. Sin importar esos resultados ahora les entregan la aplicación de las vacunas, que posiblemente lleguen al país en algún momento.

 Que hoy tengamos plan de vacunación, página para el plan de vacunación y hasta la fecha ninguna vacuna también es responsabilidad de la política servil de Duque, en este caso con las grandes empresas farmacéuticas imperialistas (Pfizer, Aztrazeneca, Jonhson & Jonhson, Moderna, GlaxoSmithKline, Merck o Sanofi). El gobierno uribista se negó a votar a favor de la iniciativa de Sudáfrica y la India en la OMC (Organización Mundial del Comercio) para que las patentes de las vacunas fueran de acceso libre y así pudieran ser producidas por los laboratorios de muchos más países en el mundo, de este modo también en ese escenario se puso del lado de los monopolios empresariales y en contra de una solución global y solidaria a la pandemia. El gobierno Duque también se ha negado a constituir una alianza con los países de la Latinoamérica para negociar en mejores condiciones ante las farmacéuticas, rechazó desde el comienzo de la pandemia las propuestas de la comunidad científica colombiana que reclamaban una inversión en ciencia y tecnología que recuperara las capacidades del país para producir vacunas, que podrían habilitar un trabajo conjunto con países como Brasil, Argentina y México para desarrollar una estrategia para la solución al acceso de la vacunas en la región.

 El gobierno tampoco se interesó en negociar con los rusos y chinos por su supeditación a los dictados de las trasnacionales imperialistas, tan solo ahora, cuando esas transnacionales le pagaron sus servicios dejándolo último en la fila de entregas, ahora, cuando el programa Covax de la OMS -que fue creado para el acceso a las vacunas de los países pobres del capitalismo- tampoco le asegura una dosis, ha decidido sentarse a negociar la vacuna Sputnik V del instituto de investigación ruso Gamaleya y las vacunas chinas producidas por Sinopharm, CanSino y Sinovac. Si en Colombia empieza algún día el programa de vacunación es muy probable que sea con estas vacunas. A Duque se le puede recordar el adagio popular: «así paga el diablo, a quien bien le sirve».

 

Alternancia educativa en Colombia: entre la mentira y la indiferencia

   No conformes con tan nefasto panorama la ministra de educación María Victoria Ángulo decreta la vuelta a la presencialidad en los colegios públicos y privados del país y la alcaldesa de Bogotá Claudia López hace lo mismo para la capital. Desde el Ministerio se han llenado la boca diciendo que han invertido 400 mil millones de pesos en recursos para el retorno a las aulas en los colegios públicos, ¡mienten!, suman peras con manzanas pues incluyen dineros que son destinados habitualmente para programas como el de alimentación escolar, realmente solo han invertido 64 mil millones, que equivale a un gasto de 2 millones de pesos por institución educativa en el país[1], con esos recursos ni siquiera se adecúa una batería sanitaria, en esas condiciones y con cifras de contagio que están por encima de los 9 mil casos diarios y una ocupación de camas UCI muy superior al 50% –cifra que según las comunidades científicas permitiría un retorno seguro- quieren que maestros y estudiantes regresen a las clases.

 El gobierno ha desarrollado cálculos de cuánto requiere invertir en la infraestructura educativa y tiene la plata para hacerlo, pero no lo hace y no lo hará porque prefiere tener debilitado el sistema de educación pública y responsabilizar de su crisis al gremio docente, hacerlo ver ante la población como quien se niega al retorno a las aulas, en últimas prefiere conducir a los profesores, los estudiantes y sus familias a la exposición, como lo ha hecho con el talento en salud.

 Más aún plantean un retorno a las aulas para los sectores sociales que tienen peores condiciones de vulnerabilidad, estudios a nivel mundial han planteado una y otra vez que quienes mueren por Covid están en los sectores más carenciados de la clase trabajadora, negros y latinos en Estados Unidos, estratos 1, 2 y 3 en países como el nuestro. Lo que los expertos llaman condicionamientos sociales para la enfermedad no son más que las circunstancias de pobreza y exclusión a las que se ven sometidas las familias que envían sus hijos a las instituciones escolares públicas. Gobierno y empresarios presionan para la reapertura de colegios no por su preocupación en los niños sino para que la mano de obra femenina que ha sido expulsada del mercado laboral durante la pandemia o ha tenido que asumir de forma más amplia las labores del cuidado en los hogares, vuelva a las fábricas. Su altruismo se corresponde nuevamente con su vil interés.

 

Las tendencias bonapartistas y fascistas del gobierno uribista avanzan

 Las vidas de los trabajadores colombianos no valen nada para el gobierno y los empresarios, son cifras, estadísticas, les da lo mismo que sean 5 mil o 50 mil, lo que realmente les importa es mantener su caja de ingresos funcionando. Que es de esa manera se expresa también con el asesinato de líderes sociales y las masacres que no cesan, Duque y sus ministros no se inmutan al salir diariamente a decir que los asesinatos son consecuencia del narcotráfico, del ELN y las disidencias de las FARC, mientras las bandas paramilitares asesinan defensores de derechos humanos, ambientalistas o dirigentes campesinos defensores de la sustitución de cultivos. Duque expresa su menosprecio por los miles de muertos cuando declara duelo nacional por la muerte del ministro de defensa Holmes Trujillo -comandante de la fuerzas militares y de policía que cometieron la masacre de jóvenes el pasado mes de septiembre- pero poco y nada dice o hace por esas miles de familias que han sido víctimas de la pandemia o la violencia política, solamente nos repite una y otra vez sus estribillos del supuesto éxito de su gobierno. 

 Duque se ha ocupado de colocar en todos los entes de control a sus partidarios y amigos, ahora da un paso adelante para borrar las alarmantes cifras de asesinatos de líderes sociales en el país, le ha indicado a su defensor del pueblo, el acusado de corrupción Carlos Camargo, que las cifras de líderes asesinados solo pueden ser publicadas por la fiscalía general de la nación, a cargo de su amigo y escudero el fiscal Francisco Barbosa. La fiscalía históricamente ha entregado cifras menores de líderes asesinados y se ha ufanado de esclarecer los asesinatos que investiga, la falsedad de sus declaraciones y la ineficacia de sus acciones se demuestra en que la matanza no ha parado. Esta nueva jugadita del uribismo en el poder no tiene otro fin que pretender acabar con el problema negando que existe.

 El nepotismo ya es una marca registrada del uribismo, así como pusieron sus fichas en la fiscalía, la contraloría, la procuraduría y la defensoría del pueblo, ahora lo hacen en el Banco de la República donde nombraron a Bibiana Taboada, cuyo mayor merito para el cargo es ser hija de la ex - ministra del interior y de trabajo Alicia Arango, circunstancia similar se presentó con el nombramiento del nuevo ministro de defensa Diego Molano, quien fue presentado por Duque como idóneo para el ministerio porque es hijo de un militar, nació en un hospital militar y estudió en un colegio militar. El nuevo ministro se reacomoda de cargo para seguir repitiendo el mismo coro de Duque y el fiscal sobre los asesinatos de líderes, la ilustre codirectora es una nueva ficha que el gobierno pone para limitar la autonomía del Banco.

 

¿Qué respuesta debemos dar los trabajadores a esta situación?

 Los científicos, médicos, enfermeras y sus agremiaciones son hoy la vanguardia en el enfrentamiento a la política del gobierno, debemos reconocerles ese lugar, exigir a las centrales obreras y a las direcciones políticas y del movimiento de masas que rodeen al talento en salud, que constituyan en torno suyo un frente de lucha común para lograr revertir las crisis sanitaria y económica que estamos atravesando. 

 El planteamiento de «Colombia, un solo hospital» que han sostenido las comunidades científicas y médicas responde a la necesidad de centralizar la prevención, detección y atención para enfrentar la pandemia. Un plan de vacunación, por ejemplo, debe responder a ese horizonte, no puede entregarse al caótico y fracasado modelo de las EPS. Los reclamos de los profesionales de la salud van en dirección de derogar la ley 100 y avanzar hacia un sistema de salud público estatal, que como ha quedado demostrado a nivel mundial es el mecanismo de política social que realmente puede hacerle frente a una crisis como la actual. Eso supone romper con la privatización del sistema de salud y con la precarización a la que ha sido sometida su personal.

 En lo inmediato han venido haciendo énfasis en la prevención, sostienen que es necesario mantener las cuarentenas, las normas de distanciamiento social y de protección personal, pero eso, han subrayado, no funciona si no se plantean las políticas para combatir los condicionamientos sociales que amplían las posibilidades de contagio de la enfermedad, por ello han sostenido la necesidad de la «renta básica». Sus consignas son hoy las consignas que mejor responden a las circunstancias y por ello deberían ser apoyadas decididamente por todo aquel que se precie de tener un carácter progresista y democrático.

 Son estos mismos científicos y personal de salud los que frente al problema de la vacunación han planteado que es necesario que las negociaciones con las transnacionales farmacéuticas tienen que ser transparente ante la población, los dineros con los que se negocia son públicos y por tanto también tienen que serlo los términos de contratación. Se debe presionar al gobierno para que las negociaciones se den de cara a la sociedad, para que respalde las iniciativas para hacer públicas las patentes y para negociar de forma mancomunada con los otros países de la región ante las farmacéuticas, para que invierta los dineros en ciencia y tecnología que nos permita actuar de forma conjunta también en la producción, administración y distribución de vacunas, el gobierno no hará nada de esto sino actuamos masivamente a favor de los reclamos que estas comunidades y asociaciones han venido haciendo.    

 En materia económica los trabajadores colombianos estamos en mora de tomar como consignas la «renta básica» y el «salario mínimo para las mujeres que desarrollan las labores del cuidado en los hogares», pero además necesitamos luchar por la derogatoria del decreto 1174, combatir la política económica del gobierno Duque y torcerle el brazo para que la reforma tributaria quite las exenciones tributarias a los ricos e imponga un impuesto a las grandes fortunas, dinero tienen y por montones, que sean ellos los que paguen la crisis, porque son ellos y su avaricia la que de fondo explica la debacle social, económica y sanitaria actual.

 El llamado que debemos hacer a la centrales obreras y a las direcciones políticas del movimiento de masas es a que se coloquen al servicio de la defensa de estas políticas, que convoquen a la unidad de acción en torno a la agremiaciones médicas y científicas, que se constituya un frente común con ellas, pero no simplemente con declaraciones públicas, es necesario que se establezca un plan de acción que conduzca a un proceso de movilización, que sea constante, contundente y que responda a las condiciones de salubridad de forma responsable. Es necesario convocar para ello un gran encuentro nacional en defensa de la salud, de la vida y por la superación de la crisis económica para las familias trabajadoras.

 Un plan de ese carácter solo se puede alcanzar si se logran articular los distintos sectores que han salido a luchar en los últimos años, por eso se requiere un encuentro amplio y democrático, que tome como ejemplo las acciones desarrolladas por la Minga indígena el año anterior, que demostró que se pueden hacer acciones de masas contundentes, que presionen al gobierno y que cuenten con mecanismos de control de la salubridad.

  

¡Por un frente único de lucha encabezado por los profesionales y trabajadores del sector salud!

¡Por un encuentro nacional en defensa de la salud y la vida, para la superación de la crisis económica!

¡Por un plan de lucha para torcerle el brazo al gobierno Duque!

¡Por el salario mínimo para las mujeres que desarrollan las labores del cuidado en los hogares!

¡Renta básica ya!

 


[1]Así lo plantea una investigación citada por el experto en educación Julián de Zubiría https://www.youtube.com/watch?v=CoEUcxccOAQ e investigaciones citadas por el presidente de la Fecode William Velandia https://www.youtube.com/watch?v=PT80DixTJVs

 

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