martes, 19 de mayo de 2020

HOY MÁS QUE NUNCA SE HACE NECESARIO CONSTRUIR Y LUCHAR POR UNA UNIVERSIDAD PÚBLICA AL SERVICIO DE LA SATISFACCIÓN DE LAS NECESIDADES SOCIALES, HUMANAS Y AL SERVICIO DE LOS OPRIMIDOS Y EXPLOTADOS

Bogotá, Colombia 


Hoy, en medio de esta crisis actual (Covid-19 y Crisis económica), los estudiantes de las universidades públicas junto a nuestras familias nos estamos enfrentando (al igual que los sectores populares) al hambre y a la zozobra, no sabemos en muchos casos si podremos seguir comiendo y estudiando, pues la brutalidad del Estado privilegia claramente a los bancos y la economía de los ricos por encima de la vida y derechos de la mayoría del pueblo.



La crisis de la universidad pública no es nueva, a pesar de que hemos luchado duramente, el déficit estructural, causado por la desfinanciación premeditada de gobiernos que tienen la intención de quitar el derecho de educarse a los hijos de los trabajadores. En medio de la pandemia, se acrecienta y hace más aguda la vulneración de nuestro derecho a la educación, por ello hoy más que nunca tenemos que luchar para poder garantizarlo.

Educación y garantías para el confinamiento

 

Sabemos que la única manera real y efectiva para combatir la pandemia en estos momentos es la cuarentena (a excepción de que se cree la cura), por tal motivo, el Ministerio de Educación ante las dificultades que presentaba la educación presencial, en el marco de la pandemia, impuso la virtualización por lo menos hasta el 31 de mayo. Sin embargo, esta medida presenta especiales complicaciones para las 32 universidades públicas que hay en el país, debido a la condición socio- económica en la que se encuentran la mayoría de los estudiantes.

Por ejemplo, las encuestas efectuadas en la Universidad Nacional (Sede Bogotá), la Universidad Distrital y la UPN -en esta última fueron realizadas y difundidas por los representantes estudiantiles, debido a que la administración no las realizó ni las difundió, a pesar de que esta información era y es fundamental para realizar un plan de contingencia institucional real y coherente que abarque no solo a los estudiantes sino a toda la comunidad universitaria (profesores y trabajadores)- revelan que cerca del 25% de estudiantes manifestaron no tener los recursos que exige la virtualización, esto sin contar los miles de estudiantes que no pudieron realizar la encuesta, por las mismas condiciones de ausencia de conectividad.

Estos datos demuestran que el acceso a aparatos tecnológicos y redes de internet son mínimos para una fracción importante del estudiantado, cuyas familias luchan día a día contra las implicaciones laborales que ha tenido la cuarentena. Sin embargo, en muchas universidades públicas del país se inició clase, pero ¿bajo qué condiciones si estos factores no se tomaron en cuenta? Y esto sin contar con la falta de programas de apoyo psicoafectivo y psicológico, necesarios en medio de esta crisis. Esa ausencia de condiciones mínimas para llevar a cabo la educación virtual, ha ocasionado que compañeros de universidades como la UIS (Universidad Industrial de Santander) y de la Universidad Francisco de Paula Santander (sede Ocaña y Cúcuta), hayan tenido que salir hace algunas semanas a protestar a la calle, poniendo en riesgo sus vidas para poder hacer evidente la angustia por la falta de garantías para iniciar virtualmente el semestre.

Las administraciones de las universidades públicas tienen la obligación de exigir al Estado recursos para que los estudiantes no paguen las matrículas (matrícula cero), para proyectos en bienestar (acompañamiento psicológico y psicoafectivo), equipos tecnológicos y de conectividad. Al igual que deben planear alternativas reales que ayuden a salir de la actual situación de crisis que padecen la mayoría de nuestras familias. Además, a todos y cada uno de las trabajadoras y trabajadores, profesores y profesoras se les debe garantizar su salario y condiciones dignas de vida y trabajo, independiente de la labor y tipo de contrato que tengan, sin olvidar la continuidad de su seguridad social a mitad y a final de año. ¡Sería inhumano y un acto criminal desemplear a los trabajadores y dejar sin servicio de salud a sus familias en medio de crisis!

Por lo anterior reiteramos: ¡Es responsabilidad del Estado y de las Administraciones de las universidades, brindar las garantías para que todas y todos los estudiantes podamos seguir ejerciendo nuestro derecho a la educación en esta época de pandemia, sin que nosotros ni nuestras familias y la comunidad universitaria nos veamos afectados!

La virtualidad no premeditada, sus problemas colaterales y su combinación con problemas estructurales

 

Aunque vemos que la respuesta natural en un primer momento ante la ausencia de condiciones de los estudiantes para llevar acabo la normalidad académica era pedir que se suspendiera el semestre, debemos considerar las gravísimas implicaciones y el papayazo enorme que se le hubiese dado al gobierno para desviar recursos y desfinanciar aún más a las IES públicas. Basta ver el ejemplo de lo sucedido en Ecuador: en plena pandemia, se hizo un recorte de casi 100 millones de dólares al presupuesto de las 32 universidad públicas que hay en ese país -comprometiendo seriamente su funcionamiento y patrocinando su cierre- con la excusa de que se necesitan reajustar presupuestos para combatir la pandemia. Pero esto no podemos dejar que  suceda en nuestro país.

La implementación de la educación virtual en las universidades presenciales, producto de la pandemia, profundiza problemas ya existentes, como son las condiciones laborales de los docentes. El teletrabajo, a diferencia de lo que piensan los burócratas de la administración, no es para nada fácil ni da tiempo de “rascarse la barriga” como ellos creen, cada vez se inventan más y más tareas nuevas para asegurar que los salarios que se les pagan a los profes “sí sean merecidos”. Reinventar prácticas didácticas y pedagógicas conscientes y contextualizadas a la crisis global y a la situación que afrontan los estudiantes, ha sido desgastante y requiere de tiempo, recursos e insumos de los que muy poco se preocupan las universidades, de modo que el costo de las iniciativas y de los recursos corre por cuenta de los profesores, quienes terminan solventándolas con sus salarios. El cambio en la realidad amerita una modificación sustancial de los planes de trabajo de todos los maestros y maestras. Y a estas arduas labores se le suman obligaciones adicionales en casa como el cuidado de niños o ancianos, el aseo y mantenimiento del hogar, entre otras, que dan como resultado el agotamiento físico, mental, y emocional.

En el caso de los estudiantes, aunque no han sido suficientes, debemos destacar la gestión de algunas IES como la U. de Magdalena y la U. del Tolima, que han encabezado iniciativas para garantizar los derechos básicos a través de apoyo económico a población estudiantil más vulnerable, vinculación de estudiantes para apoyo en virtualización y préstamos de equipos para las clases virtuales. Es importante mencionar también que gracias a la presión ejercida por estudiantes y de profesores, el rector y el consejo académico de la UPN se vieron obligados a enviar una carta al ministro de hacienda y a la ministra de educación pidiendo más presupuesto, evidenciando que las universidades públicas no dan abasto para sustentar la virtualización y brindar las garantías socioeconómicas que ésta implica.

¡Debemos seguir presionando para que todas las IES y el Estado proporcionen los recursos necesarios para garantizar los derechos básicos a sus estudiantes!

¡Universidad productoras de ciencia y conocimiento por y para el pueblo!

 

A pesar de la enorme deuda histórica que tiene el Estado con la ciencia, investigación y los insumos necesarios para la educación de las IES, el aporte que estas han hecho durante la pandemia no ha sido para nada despreciable. De acuerdo con ASCUN (Asociación Colombiana de Universidades), en diferentes Instituciones de Educación Superior del país han surgido numerosas iniciativas desde distintas áreas para ayudar a combatir la crisis producida por la pandemia.

Además, han hecho un gran aporte al brindar la fuerza productiva más importante de la sociedad: los humanos, los trabajadores de la salud y mano de obra cualificada en diferentes áreas para atender esta crisis. No es un secreto para nadie que las universidades han graduado generaciones de trabajadores que hoy están enfrentando esta pandemia y que incluso la Ascofame (Asociación Colombiana de Facultades de Medicina) autorizó el grado anticipado de estudiantes de la UN, U del Rosario, U de Antioquia, entre otros, para disponer de más personal médico para afrontar el virus.

Ante la evidente desprotección de los trabajadores de la salud por parte del Estado y a propósito del recientemente conmemorado día del trabajo, ¡exigimos que se garantice la bioseguridad y condiciones laborales dignas para todos estos estudiantes y trabajadores, fundamentales para combatir la crisis!

Incluso la Universidad Nacional dispuso las instalaciones de su Hospital Universitario para la atención de pacientes con COVID-19. ¿Ahora sí se entiende por qué los estudiantes de medicina “prefirieron perder un semestre” en el 2011, para exigir un hospital universitario propio? Además, varias universidades, entre ellas públicas como la U de Antioquia, la UTP, la del Valle, la UIS, la UNICAUCA y la U. de Caldas ya están procesando muestras en alianza al INS (Instituto Nacional de Salud) y otras universidades están camino a lograrlo, lo cual es un aporte invaluable al diagnóstico y rastreo de infectados.

Estos hechos son una demostración del valor de eso que siempre decimos en las marchas, cuando exigimos dinero para la ciencia y la investigación: ¡es ahora cuando sale a la luz que lo que se logra en un laboratorio, trasciende el ámbito académico y que la ciencia tiene un carácter social fundamental y que está destinada a brindar bienestar! Otros aportes derivados de investigaciones de las universidades incluyen el desarrollo de respiradores, diseño y elaboración de elementos de protección, producción y distribución de gel antibacterial, creación de cabinas de desinfección y cámaras de aislamiento para pacientes infectados, apoyo psicológico y emocional para la comunidad, elaboración de protocolos y manuales de prevención de la enfermedad, etc. También se ha avanzado en la investigación de la estructura y funcionamiento del virus, como en la U. de Antioquia, que logró aislar y cultivar el virus: ¡esto abre las puertas a importantísimos avances en la búsqueda de métodos de antivirales y probar la efectividad de desinfectantes! ¡Hoy más que nunca cobra vigencia nuestra lucha por la educación y por el conocimiento como un bien común y no como un negocio!

Creemos que además de los aportes que se pueden hacer desde la ciencia y la tecnología, las diferentes facultades de todas las universidades tienen mucho que aportar en esta crisis: ejemplo de ello es la asesoría y soporte que pueden brindar las facultades de derecho a los trabajadores víctimas de despidos, Esto ya empezó a hacerlo la universidad Libre a través de una plataforma virtual. También el servicio de psicología (al cual se refirió con desprecio Marta Lucía Ramírez recientemente) haciendo un acompañamiento a los estudiantes y sus familias.

También se han visto ya diferentes espacios como foros, charlas y demás, que generan integración y diálogo en torno a temáticas relacionadas con la crisis y las consecuencias que ha tenido y tendrá en diferentes aspectos de la vida: economía, política e incluso arte y cultura. ¡La vida no será la misma después de esta crisis y es la universidad un excelente espacio de preparación para enfrentar los nuevos escenarios que se avecinan! Llamamos a cada facultad, a cada departamento, a aportar desde su campo de saber, a pensar el presente.

La universidad debe ser un eje de unidad ante la crisis

 

La crisis no es solo económica, política y social: es emocional y mental. La condición de encierro, que muchas veces se profundiza por las situaciones familiares y de convivencia, desgasta emocional y mentalmente tanto a estudiantes como trabajadores y profesores. Hay un sentimiento de angustia generalizado, de desasosiego, de “no futuro”, que compromete seriamente el desempeño en las labores de cada sector. Sumándose a obligaciones adicionales en casa (cuidado de niños o ancianos, el aseo y mantenimiento que exige el hogar, etc.)., por eso que llamamos ahora más que nunca a estar unidos como comunidad universitaria, a ser soporte el uno del otro, a generar redes de solidaridad material y emocional entre nosotros: ¡solo el pueblo salva al pueblo! ¡hagamos los unos por los otros lo que el Estado no hace ni hará por nosotros!

La universidad en este momento cumple ese rol fundamental en la construcción de redes de apoyo y defensa contra el gobierno y la oligarquía, que quieren que los platos rotos los paguemos los más pobres. Los estudiantes de la universidad pública debemos ser un bastión de resistencia, debemos apoyarnos y comunicarnos constantemente para denunciar y hacer evidente la situación actual de las universidades públicas y del país, así como la de todos los sectores precarizados de la sociedad.

Ahora se tiene que poner en discusión cuáles formas podemos usar para manifestar nuestra inconformidad: cacerolazos, denuncias por redes sociales, videos y contactos con canales de televisión, redes de apoyo y solidaridad, son herramientas que, en medio de la imposibilidad de manifestaciones masivas, nos dan una voz fuerte que no se deja disgregar frente a las dificultades. En este tiempo tenemos la oportunidad para actuar y aportar desde la universidad, no sólo como estudiante, docente y trabajadores, sino como actores políticos e incidir en la nuestra realidad inmediata.

Los espacios virtuales de clase también son una oportunidad para plantear las dudas y las discusiones en torno a la actualidad, no podemos dejar que se separen de la coyuntura, por el contrario, las actividades que se propongan pueden tener como punto de partida la reflexión sobre el acontecer actual. Recordemos que la academia también tiene el deber de construir sociedad y que la U. pública ha jugado un papel muy relevante durante años como un polo de denuncia y defensa de los derechos fundamentales como la salud y educación, en este momento se tiene que escuchar con más fuerza y resonancia lo que hemos venido denunciando con gritos en las calles. ¡La universidad pública es fundamental en la construcción de conciencia social, debemos seguir aportando a ese proceso colectivo desde una perspectiva crítica!

Hacemos un llamado de unidad a estudiantes, trabajadores y profesores para que juntos exijamos que la universidad se mantenga abierta y al servicio de las necesidades de los más pobres y vulnerables bajo las siguientes garantías:

  1. Que se suspenda el pago de los semestres en las universidades públicas, “Matrículas cero” para todos y todas las estudiantes: las familias en estas condiciones, tienen la prioridad de abastecerse de comida. De igual forma, se debe condonar el pago de los préstamos del ICETEX.
  2. Que se brinden las garantías socioeconómicas y psicoafectivas para que ningún estudiante se quede sin estudiar.
  3. Los Consejos Académicos y Superiores de todas las universidades públicas deben expedir acuerdos transitorios mediante los cuales se reestructuren los presupuestos, redistribuyendo los rubros que no se están usando en este momento -como pago de servicios públicos, compras de todo tipo, viajes, etc.- para redirigir estos recursos a lo que es prioritario y fundamental: asumir costos de matrícula, incrementar los servicios de bienestar y apoyar la consecución de equipos y de conectividad para los estudiantes que lo requieren.
  4. ¡Que se garantice la contratación laboral de profesores y trabajadores en condiciones dignas! 
  5. Se deben restructurar colectivamente los planes de trabajo de los docentes, redistribuyendo las horas para dedicarse con estricta prioridad a la docencia -cuyo tiempo de preparación, acompañamiento y evaluación se ha triplicado-; y posibilitar su ejercicio pedagógico y didáctico de flexibilización de la enseñanza, para adaptarse a las duras condiciones de vida de ellos mismos y de sus estudiantes, para estrechar lazos fraternales con ellos en lugar de enloquecerlos, y para adaptarla al estudio de la coyuntura que nos atraviesa.
  6. Todo lo que se haga en los campos de la investigación y la proyección social en las universidades públicas debe responder a las necesidades humanas y sociales que la actual crisis demanda, empezando por las de los más débiles y vulnerables, tanto a escala local como nacional e internacional. El conocimiento o es humano y social o pierde sentido y recae en la pura vanidad.

Por último, hacemos un llamado general a la población para que luchemos por:

  • ¡Que no se privilegie a los bancos y se le de dinero a la represión!, ¡que el Estado garantice y priorice el derecho a la salud, al empleo y a la educación!
  • ¡Por el mínimo vital para todas las familias pobres del país!
  • ¡Garantías para un confinamiento serio, que no nos lleven al matadero levantando la cuarentena en plena época expansión del virus!
  • ¡Que no se pague la deuda externa ni se invierta en la guerra, y que se exijan impuestos a las grandes fortunas para financiar la respuesta a la crisis!

¡CUARENTENA SIN HAMBRE!

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Fuentes:

Asociación Colombiana de Universidades (ASCUN) . INICIATIVAS DE NUESTRAS IES ASOCIADAS ANTE EL COVID-19: https://ascun.org.co/noticias/detalle/iniciativas-de-nuestras-ies-asociadas-ante-el-covid-19

https://agenciadenoticias.unal.edu.co/detalle/article/hospital-universitario-listo-para-afrontar-la-pandemia.html

https://www.las2orillas.co/once-universidades-le-metieron-el-acelerador-a-las-pruebas-covid-19

https://www.semana.com/educacion/articulo/coronavirus-u-de-antioquia-graduo-98-medicos-anticipadamente-por-pandemia/664712

http://www.udea.edu.co/wps/portal/udea/web/inicio/udea-noticias/udea-noticia/!ut/p/z0/fYyxDsIwEEN_haUjulBKgLFiQEIMDAi1t6BTEuCg5FoaKj6flC6wsFjPlm1AKAA9dXymwOKpir5EfVwsV-kkz9RW6UyrXO-y2TxdT_cHBRvA_4X4wNemwRzQiA_uFaCo5RGoelpHiaL2113k7gbudeQlsGFqE_VZe7bSt75idj7SAIFPbKQdG-nYQn3D8g2lf-s1/

 

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